La culpa no la tiene el chancho
El mundo está conmovido. La gripe porcina está conmoviendo a México y a toda la colectividad latinoamericana. La nueva moda es el tapaboca, de color azul, que cubre las caras de los que no quieren morir. Tienen razón en no quererlo.
Estamos ante una encrucijada, en un momento de preocupación global, que no tiene señales claras sobre lo que está pasando y donde todos tenemos el derecho y la obligación de pensar que detrás de este peligro hay una nueva forma de manipulación de los grandes capitales de los laboratorios, que están dispuestos a hacerse «la América».
Por desconocimiento de los biólogos, la gripe porcina es un peligro para la humanidad si se llega a extender. Entre otras cosas porque nuestros científicos, los científicos globales, no estaban preparados para enfrentarla.
Está claro que no hay explicación para que se haya producido esta explosión de gripe porcina, pero mucho más claro es que todos tenemos la responsabilidad de enfrentarla porque puede significar una verdadera tragedia para nuestros pueblos.
Pero ese enfrentamiento requiere de una sociedad organizada, consciente, serena y sin ningún tipo de alarmismo. Donde hay que reconocerlo el gobierno nacional está actuando con serenidad e inteligencia.
Las primeras reacciones de los uruguayos fueron buenas. La gente aceptó las recomendaciones del Ministerio de Salud Pública y por eso recurrió a la vacuna antigripal, que fue adquirida para la población, aunque todos sabemos que esa vacuna no es la más absoluta garantía para combatir la gripe.
Pero todos sabemos que en México los que estaban vacunados contra una gripe típica no sufrieron la enfermedad porcina. Por eso hay que vacunarse, para que los científicos puedan determinar con precisión cuáles son los perfiles de esta nueva enfermedad y cómo se puede atacarla.
En el momento de escribir estas líneas este tipo de gripe no ha llegado a nuestro país y debemos agradecérselo a las autoridades sanitarias y a la fortuna. Pero tenemos que saber que eso puede ocurrir. Y si ocurriera habrá que actuar con inteligencia y energía, como se está haciendo ahora.
Cada uruguayo usted y yo tiene que sacarse el pánico de la cabeza y el corazón, porque no existe la fuerza del caos. Lo que existe es la fuerza de la inteligencia, de la solidaridad y de la organización.
Tareas tan sencillas como lavarse las manos cuatro veces al día y no darse besos pueden significar hermosos gestos en la perspectiva de esta locura biológica que estamos sufriendo para impedir que la gripe porcina se transforme en la agenda de los uruguayos.
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