Sobre las venas abiertas de América Latina

Como se sabe en el rincón más alejado del planeta Tierra, en la última reunión de los países de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur), nuestro presidente le obsequió al presidente Barack Obama el libro «Las venas abiertas de América Latina», del escritor uruguayo de proyección internacional Eduardo Galeano.

Ese gesto del comandante Hugo Chávez ha generado distintas reacciones, desde sectores que lo aplauden ­que son la mayoría­ hasta los que consideran que fue un error por parte de Obama recibir ese texto y que eso nunca hubiera ocurrido con Reagan o con los dos Bush, porque, entre otras razones, este es un libro muy «antiestadounidense».

Recordemos que «Las venas abiertas de América Latina» fue un libro que sirvió de cabecera en la década de los 70 y 80 para todos los luchadores por la redención social de las mayorías nacionales y además texto obligatorio en todas las universidades de América Latina y el Caribe, en las asignaturas de Historia y de Política.

Pero hoy, en pleno siglo XXI, este libro se sigue reeditando por doquier, porque su contenido sigue siendo de actualidad.

Extraigamos algunas ideas hoy vigentes.

«La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será».

«En la historia de los hombres cada acto de destrucción encuentra su respuesta, tarde o temprano, en un acto de creación».

«La economía colonial latinoamericana dispuso de la mayor concentración de fuerza de trabajo hasta entonces conocida, para hacer posible la mayor concentración de riqueza de que jamás haya dispuesto civilización alguna en la historia mundial».

«El comercio libre enriquecía a los puertos que vivían de la exportación y elevaba a los cielos el nivel de despilfarro de las oligarquías ansiosas por disfrutar de todo el lujo que el mundo ofrecía, pero arruinaba las incipientes manufacturas locales y frustraba la expansión del mercado interno».

«El interés de las corporaciones imperialistas por apropiarse del crecimiento industrial latinoamericano y capitalizarlo en su beneficio no implica, desde luego, un desinterés por todas las otras formas tradicionales de explotación».

«¿Qué suerte correría el Imperio sin el petróleo y los minerales de América Latina?».

«Cada vez que el imperialismo se pone a exaltar sus propias virtudes, conviene, sin embargo, revisarse los bolsillos y comprobar que este nuevo modelo de imperialismo no hace más prósperas a sus colonias aunque enriquezca a sus polos de desarrollo; no alivia las tensiones sociales regionales, sino que las agudiza; extiende aún más la pobreza y concentra aún más la riqueza; se hace dueño del mercado interno y de los resortes clave del aparato productivo; se apropia del progreso, decide su rumbo y le fija fronteras; dispone del crédito nacional y orienta a su antojo el comercio exterior; no sólo desnacionaliza la industria, sino también las ganancias que la industria produce; impulsa el desperdicio de recursos al desviar la parte sustancial del excedente económico hacia afuera; no aporta capitales al desarrollo sino que los sustrae».

«De acuerdo con los términos del jugoso Manifiesto capitalista, la ley de la selva es el código que naturalmente rige la vida humana y la injusticia no existe, puesto que lo que conocemos por injusticia no es más que la expresión de la cruel armonía del universo: los países pobres son pobres porque…son pobres; el destino está escrito en los astros y sólo nacemos para cumplirlo: unos, condenados a obedecer; otros, señalados para mandar. Unos poniendo el cuello y otros poniendo la soga».

El día 30, en la Universidad de La República, Aula Magna de la Facultad de Economía, a las 19.30 horas tendremos la oportunidad y el privilegio de escuchar la intervención de Eduardo Galeano y la del escritor venezolano Luis Britto García.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje