Vamos bien

Explicaba sus ideas, las escribía en el pizarrón, trazando en el mismo una línea horizontal cortada por dos verticales. Así nos enseñaba la historia de nuestro continente, en el viejo Instituto de Profesores Artigas, el profesor Washington Reyes Abadie. ¿Descubrimiento de América se preguntaba? No. Sólo contacto entre dos mundos diferentes. América ya existía cuando llegaron los supuestos descubridores. ¿Conquista y colonización? De ninguna manera. Crisis de las relaciones entre esas civilizaciones tan disímiles. ¿Independencia de América o simplemente separación? Cada uno de estos conceptos los iba ubicando, contraponiéndolos en los casilleros que se formaban por el corte de la horizontal y las verticales.

¡Si habrá necesidad de construir modelos propios de país y de región! No sea cosa que en el futuro tengamos que explicar lo pasado, a través de los formidables conceptos del profesor, plenamente vigentes. Estamos algo cansados de términos importados usados para disimular lo indisimulable, esto es: la crisis es sistémica y no sólo irresponsabilidad de ejecutivos y otras detestables compañías, autómatas del libre mercado, que precipitaron al mundo a la locura del desenfrenado y salvaje capitalismo.

Ante la crisis actual y tantas otras del pasado, ¿cuántas veces se ha dicho que saquemos enseñanzas de las mismas y aprovechemos la oportunidad que se nos da? ¿Realmente la hemos aprovechado?

Nunca más quisiera oír decir que esta crisis no la pueden pagar otra vez los trabajadores. Acaso ¿no debió haber sido siempre así? ¿No es el trabajo un derecho humano fundamental, elemento central de la sociedad que potencia la vida humana en todas sus dimensiones? ¡Qué mal se ha tratado en el pasado una noción tan trascendente para el mundo! Y esto no significa ninguneo alguno para las empresas. Por el contrario. En lo inmediato habrá que seguir produciendo, pero eso sí, no a cualquier precio.

¿Y por casa? Somos optimistas. No sólo por el Plan Ceibal, sin duda lo más trascendente, por significar una profunda e irreversible revolución en el conocimiento de nuestros niños y jóvenes.

Lo que favorecerá el desarrollo de una sociedad de la innovación y la competitividad, aspectos sustanciales para la promoción de un modelo estratégico de desarrollo del país, y de la región. También porque existen otros «ceibalitos» trascendentes. Por ejemplo, el que desarrollan los Ministerios de Trabajo, Educación y Cultura y ANEP poniendo en la enseñanza, al trabajo como elemento central de la sociedad. Lo mismo que realiza el BPS respecto de la seguridad social o lo que sucede con los planes de alfabetización del Ministerio de Desarrollo Social.

¿Era imaginable tiempo atrás, que junto a la canasta de alimentos que entrega el MTSS-INDA, vayan libros de autores uruguayos: Julio C. Puppo, Galeano, Sansón Carrasco, Julio da Rosa, José Monegal? Es que se trabaja no sólo para alimentar a los jóvenes, sino para producir hombres nuevos.

Ante todo esto, hay mucho más, ¿cómo no ser optimista? Por supuesto, habrá que concretar y desarrollar conceptos trascendentes como los mencionados, entre otros: trabajo como derecho humano y elemento central en la sociedad, conocimiento e innovación en toda su dimensión, etc.

Y ¡faltaba más!, vencer rutinas, burocracias mal entendidas, porque el ejemplo del vasco genial que fue Miguel de Unamuno sigue vigente: «Si un aguilucho cayera al gallinero trataría de hacerles entender a las gallinas la necesidad y la belleza del vuelo.

Y las gallinas se reirían de él. No lo comprenderían ¿Qué es eso del vuelo se preguntarían ¿Para qué lo queremos si vivimos bien?» Ese día, las ideas expuestas en el viejo pizarrón del IPA o en el vecino boliche donde muchas veces íbamos con Don Washington, tendrán plena vigencia.

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