Los procesos y las hegemonías

El poderoso PCUS, una iniciativa de renovación, dividió a sus dirigentes y Yelsin ¡subido a un tanque! como Lenin arengó al pueblo al «cambio» y los dirigentes comunistas que se abrazaron a un intento de golpe de Estado para mantener un régimen «agotado y desprestigiado» fueron literalmente barridos. Y así, paso a paso, se asiste a una restauración de las ideas del capitalismo, y luego del modo y relaciones de producción capitalista en el país cuna de la revolución que conmovió al mundo en 1917!

Históricamente, asistimos al fracaso de una teoría sobre la hegemonía. Como en Francia en 1789; como en Estados Unidos en 1776 cada pueblo aprenderá de su propia historia, e irá forjando sus propias alternativas. Así son los procesos, así como su síntesis, hay avances irreversibles en la humanidad, así como hay retrocesos coyunturales y derrotas tácticas y también estratégicas, pero la constante ha sido la acumulación que, pese a los frenos, se perpetúa en el espacio y en el tiempo. Se puede afirmar que en ese marco de desarrollo, no hay modelo único para todos, cada nación construirá su proyecto, partiendo de una coincidencia en común: la utopía, que supone una sociedad justa, libre, de oportunidades, de responsabilidades, de derechos y deberes, en democracia y en libertad plena, reglada por las leyes y las constituciones.

El mundo ideal está en nuestras cabezas, la realidad siempre será como es: dialéctica; con sus contradicciones que los hombres deben resolver adecuadamente.

Hoy en América Latina se vive en una cadena de eslabones que se entrelazan, con una caracterización: se avanza en el sufragio universal (como en Alemania a fines del siglo XIX) logra éxitos notables en un conjunto de países, el pueblo votando en las urnas lleva a gobiernos progresistas, pero «atenti», no son posiciones consolidadas, son obstáculos que se vencen, son objetivos que se logran, pero en dura disputa con los partidos conservadores o derechistas, o simplemente del sistema, de las clases que han dominado los gobiernos desde la independencia, caso de nuestro país, blancos y colorados.

Hasta en Estados Unidos hay cambios: que un negro sea presidente de esa nación (que se ha caracterizado por el racismo interior, y a la vez por una política exterior voraz que sirve a sus monopolios y magnates del petróleo y la industria de la guerra) es algo inédito, lo decidió la gente ¿hasta dónde la forma incidirá en el contenido? Cuestión que dilucidará en el tiempo el propio pueblo norteamericano. Vivimos pues un mundo complejo y extraño, de goces notables de las ciencias y la tecnología, pero con un medio ambiente maltratado por hombres y gobiernos, y con millones de marginados a escalas mundiales, destacándose el caso de África, quienes antes del colonialismo se morían, pero no de hambre; luego del colonialismo se mueren de hambre, de sed, de cólera y de sida.

Existen particularidades históricas, una de ellas es de Europa: continente que llevó a la humanidad a dos guerras mundiales (1914 al 18 y 1939 al 45) con un objetivo: el reparto del mundo por parte de las grandes potencias coloniales. Ahora se ha unido, existe la Unión Europea, hay paz, pero los corroe un sentimiento nacionalista cada vez más exacerbado; en el día de hoy no se persigue a los comunistas, a los judíos, a los gitanos, hay cada vez más una hostilidad manifiesta a nivel popular y de gobiernos hacia los inmigrantes, cabecitas negras, ya sean marroquíes, turcos, latinos, o de la Europa Central; asistimos a un rebrote generalizado de xenofobia, que empuja a la gente a elegir gobiernos de derecha y reaccionarios. No es una derecha «clásica», es culta, ilustrada, demagógica y se apoya en concepciones racistas tremendamente peligrosas para el futuro de la humanidad. ¡Oh ironía! Uno de los países más racistas es Rusia, la otrora cuna de la revolución socialista.

Europa, históricamente, ha marcado el destino de la humanidad, desde el hegemonismo griego, luego el imperio romano, después el dominio colonial, y de ese hegemonismo, cabe precisar, no está ajena la Iglesia oficial, la del Papa, cuyas posturas actuales no sólo nos pone nerviosos, sino que nos preocupa, ya que calza en ese molde de desplazamiento hacia la regresión a la que se dirige aceleradamente el mundo europeo.

En síntesis, las hegemonías históricamente han fracasado en la izquierda y también en la derecha, porque siempre encierran el virus del maximalismo que le quita aire a la democracia, ahogando a sus contrincantes, así como también finaliza asfixiando a quienes las practican.

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