Popularidad sin precedentes
Se divulgaron ayer los resultados de una encuesta de la empresa Equipos Mori acerca de la popularidad del presidente Vázquez y del apoyo a su gestión de gobierno. Confirmando lo que ha sido la tónica desde la asunción del gobierno progresista, la población se manifiesta mayoritariamente tanto en el apoyo a la gestión del doctor Vázquez como en lo que tiene que ver con la popularidad del mandatario.
Uno de los hechos a destacar es que ese 61 por ciento de popularidad de que goza Tabaré Vázquez se verifica cuando está transcurriendo el quinto y último año de su mandato. Es un hecho por demás significativo, pues desde el retorno a la normalidad institucional hasta hoy, se trata del único caso en que un presidente de la República mantiene un tan alto nivel de aceptación luego del desgaste inevitable que suponen cuatro años de gestión. Ni Sanguinetti (hacia el final de cada uno de sus dos mandatos), ni Lacalle, ni (mucho menos) Jorge Batlle exhibieron guarismos cercanos a los que obtiene Tabaré Vázquez.
Pero adviértase otro hecho no menor. Es indudable que el Presidente tiene un carisma poco común, una peculiar capacidad para generar empatías y condiciones excepcionales de liderazgo; eso explica la altísima adhesión que concita su personalidad entre la población. Ahora bien, si nos fijamos en la otra cifra dada a conocer –ese 53 por ciento de apoyo a la gestión de gobierno–, debemos concluir que no se trata solamente de las simpatías que despierta su personalidad, sino que, además, hay un reconocimiento expreso de la mayoría de la población a la manera de conducir los destinos del país que exhibió el doctor Vázquez. Y en definitiva, hay un visto bueno al gobierno del Frente Amplio.
Conviene asimismo subrayar el muy bajo porcentaje de desaprobación que recoge la gestión gubernamental. Ese 22 por ciento de ciudadanos que desaprueban la gestión del Frente Amplio es una cifra por demás exigua que se contrapone –con objetividad inapelable– al discurso opositor, cargado de ponzoña, que se pretende intérprete de la opinión y los anhelos de la mayoría de los uruguayos.
La derecha, encarnada en los dos partidos tradicionales, se desgañita en todos los ámbitos posibles tratando de desprestigiar al gobierno y a sus principales figuras. Para divulgar sus anatemas, cuenta con la nada despreciable ayuda de medios audiovisuales poderosos, siempre dispuestos a servir de voceros oficiosos de las clases conservadoras. Y sin embargo, he aquí estas cifras que echan por tierra todas las afirmaciones de los líderes blancos y colorados que atacan por varios flancos sin resultados auspiciosos para su causa. Hablan de una política exterior errática, de una política impositiva nefasta, de una política económica errada, de la falta de seguridad, etcétera. Piden a gritos la cabeza de los ministros, traban todo lo que está a su alcance, agoran calamidades.
Pese a todo esto, los guarismos –tozudos– dicen otra cosa. Es que los uruguayos (a quienes el coronel Latorre calificó de «ingobernables») se quejan, critican, reclaman, pero no son tontos. Saben perfectamente bien que este gobierno ha iniciado un camino de cambios en beneficio de los más y de los más sumergidos. Y si se quejan por la suba del precio de los alimentos, o critican la falta de seguridad, o reclaman mejoras salariales, eso no quiere decir que nieguen los éxitos del gobierno y los logros obtenidos para toda la sociedad.
En esa báscula que funciona en la mente del pueblo pesan más los aciertos que los errores, y es por eso que el balance que hace la gente arroja un saldo positivo.
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