Los procesos y las hegemonías

Gramsci popularizó el concepto hegemonía reivindicado en duras polémicas de Lenin con otros marxistas rusos, y particularmente con el primero que introdujo el marxismo en Rusia: Jorge Plejanov, con inmenso respeto hacia este, Lenin rompe con la que consideraba el reformismo y se lanza a predicar la teoría de la revolución proletaria, en un inmenso feudo semiasiático de decenas de millones de campesinos y dos millones de proletarios, concentrados particularmente en Petrogrado, Moscú y las minas del Donbas. Una terrible guerra diezma a las tropas rusas y germina el grito de paz, pan y tierra. En 1789 las Revolución Francesa derriba el feudalismo y con ello los siervos de la tierra, en la Rusia imperial, recién un siglo después prohíbe el servilismo de la gleba. Más de mil años de opresión y dolor estallan en 1917, generando -¡oh paradoja de la historia!- una alborada, la de la revolución proletaria, conducida por un hombre legendario: Lenin, y una organización conspirativa eficaz, intrépida y férrea. Es una hazaña. John Reed, el periodista luego devenido en político (fundador del P.C. en Estados Unidos) escribe «los 10 días que conmovieron al mundo» ¡y vaya si lo conmocionaron! Esa primera revolución con el paso de los años se fue eternizando como un modelo alternativo al capitalismo; luego de la Segunda Guerra Mundial, triunfantes los aliados sobre el nazismo (Estados Unidos, Inglaterra, la Francia de DeGaulle y la resistencia de los «maquis», y la Rusia de los bolcheviques o soviéticos) surgen las democracias populares en el centro de Europa, y la Rusia Soviética se denominaría Unión Soviética, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, abarcando estados y nacionalidades en lo que fue el otrora Imperio Ruso, con sus 16 millones de km2.

La primavera de Praga fue un sacudón que abrió ojos, cabezas y discursos; aquí cerca el brasileño Jorge Amado, allende el océano el poderoso Partido Comunista Italiano, Garaudy en Francia, Carrillo en España, Luis Carlos Prestes en el Partido Comunista Do Brasil y una pléyade de intelectuales revolucionarios y dirigentes notorios, se introducen en el análisis crítico interrogándose a dónde llevaba la tesis de la hegemonía del proletariado y su expresión superior: la hegemonía de la URSS en el campo Socialista, ya puesta a prueba en la resistencia de Mao Tse Tung a la estrategia mundial desarrollada por el entonces Partido Comunista de la URSS, los chinos divergen por la «izquierda»; mientras en Europa las divergencias son por las manifestaciones del «reformismo» Social Demócrata, o la teoría del Comunismo Nacional ­o el eurocomunismo- desarrollada particularmente por Carrillo en España. Más allá de las posturas discrepantes, digamos para utilizar lenguaje de entonces «por la derecha o por la izquierda», lo que estaba en tela de juicio era la teoría del hegemonismo, en principio de una clase, el proletariado; luego de un Partido, el Bolchevique en la Tercera Internacional y luego de disuelta ésta en la década de los 40, el de Estado por la URSS, «baluarte», «guía principal», etc. No es el caso de mirar al costado y hacerse los distraídos, en aquel entonces participábamos, admitíamos, aceptábamos y defendíamos estas concepciones, porque nos considerábamos parte de una contienda mundial entre las fuerzas de la revolución, del socialismo, y los de la contrarevolución: el imperialismo.

Por lo demás, se vivía en el mundo una acumulación constante. África derrotaba el colonialismo; en China es derrotada «la banda de los 4″ y se abre una nueva ruta; Deng Xiao Ping, el perseguido de ayer lanza la consigna «no importa el color del gato, la cosa es que cace ratones», e inicia el cambio de rumbo estratégico. El apartheid en Sudáfrica tiembla, en Estados Unidos los negros se organizan y movilizan; en América Latina la revolución cubana, el Ché, los montoneros en Argentina, Tiro Fijo en Colombia, aquí tupamaros, en Perú Velazco Alvarado nacionaliza, trae tanques, armas y aviones rusos!; en Iraq cae la monarquía, se instala una república, todo se mueve hacia adelante; pero el sistema, el modelo incubaba una implosión, el esquema de la dictadura del proletariado del hegemonismo rompía moldes ancestrales ahogando la democracia y el afán de libertad de pueblos que habían conocido las relaciones capitalistas de producción, algunos la democracia burguesa. Hungría, Polonia, Checoslovaquia, Alemania Oriental. En la URSS después de 60 años de Revolución, el socialismo inicia la aventura desgastante de Afganistán ¿y el pueblo ruso? Se encuentra agotado, cansado de asistir y sostener el sueño de la revolución universal proclamado por los bolcheviques, en los momentos de la revolución técnico científica que los había llevado a conquistar el cielo, Valentina Tereskova, Gagarin, Titov, no disponían de medios de consumo, tales como heladeras, televisores, automóviles y libertad de movimientos, y sobre todo libertad de expresión, todo era «oficial», la radio, la televisión, la prensa, las ideas. En algún momento debía reventar y reventó en el punto más fuerte, y a la postre el más débil, de la sociedad rusa.

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