Escrito por: Por Julio A. Louis - Profesor
La actual crisis permite extraer conclusiones sobre sus repercusiones y cómo situarnos.
La primera es la seria dificultad para acordar una salida consensuada -el proyectado Bretton Woods II- entre los países centrales o desarrollados del sistema y los restantes. Desde que en setiembre comenzó esta crisis, el FMI ha aplicado la receta usual a quienes han solicitado su asistencia, la mayoría de los cuales son países “recuperados” para el sistema (Georgia, Ucrania, Hungría, Letonia, Serbia, Bielorrusia). Exige recorte de los gastos públicos y de los beneficios sociales, congelación de salarios, eliminación o reducción de los subsidios a la producción y a los servicios esenciales del Estado (electricidad, agua, gas), suba de las tasas de interés para reducir la demanda interna, combate a la inflación y pago de la deuda externa. Sin embargo, los enfoques de EEUU y de la Unión Europea los rectores de los organismos de crédito internacionales están chocando contra las exigencias de otros participantes del G-20, tales como los del “BRIC” (Brasil, Rusia, India, China), que reclaman, por de pronto, revisar el sistema monetario internacional.
La segunda conclusión es que la crisis afecta a todos los sectores de la economía y se extiende por el conjunto del sistema. En esas condiciones, los gobiernos de los países centrales no aplican para sí el libre comercio, el libre cambio y las restantes libertades que sí recomiendan para los países periféricos. Atilio Borón afirma: “decisiones que se toman en los centros mundiales y que afectan a las subsidiarias de la periferia generan despidos masivos, interrupciones en las cadenas de pagos, caída en la demanda de insumos, etc. EEUU ha decidido apoyar a las Big Three (Chrysler, Ford, General Motors) de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. Francia y Suecia han anunciado que condicionarán las ayudas a sus industrias automotoras (pero) sólo podrán beneficiarse los centros ubicados en sus respectivos países. La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, declaró que el proteccionismo podía ser `un mal necesario en tiempos de crisis’. El ministro español de Industria, Miguel Sebastián, insta a `consumir productos españoles’ “.
¿Nosotros seguiremos fieles a las “libertades” del mercado, siendo más realistas que el rey? Los países del Sur deben tener el valor político -Uruguay entre ellos- de actuar en bloque, y en la región, en Mercosur y Unasur, buscando formas de protección de nuestros recursos, como lo están haciendo los “liberales” del Primer Mundo. Los países líderes del sistema no nos dejan otra opción que la agudización de la pobreza, en tanto la crisis representa la caída de los precios de commodities, la disminución de las remesas de los emigrantes, el retorno de éstos, etc.
La tercera conclusión es que, cuando se expone con acierto que en el Frente Amplio no existen los mismos objetivos finales (lo ha dicho el diputado Enrique Pintado), vale recordar la Declaración Constitutiva de 1971, a la que explícitamente no se ha renunciado: “Expresamos nuestro hondo convencimiento de que la construcción de una sociedad justa, con sentido nacional y progresista, liberada de la tutela imperial, es imposible en los esquemas de un régimen dominado por el gran capital. La ruptura con ese sistema es una condición ineludible de un proceso de cambio de sus caducas estructuras y de conquista de la efectiva independencia de la nación.”
Si el gobierno tiene que valorar estas consideraciones, la responsabilidad principal para encarar un debate profundo recae sobre el Frente Amplio como tal. Las fuerzas partidarias y las bases tienen que analizar cómo pararse ante el sistema, que significa “un régimen dominado por el gran capital” que impide la construcción de una sociedad justa. El Frente Amplio deberá encarar un crecimiento en cantidad, pero principalmente en calidad, definiendo qué es y hacia adónde va. Si no encara el debate de frente, con seriedad, terminará resquebrajándose. Se argumentará que se arriesga con no soldar acuerdos y el riesgo no puede desconocerse. Pero el “pega-pega” con el que se intenta unir actualmente, en todo caso, es muchísimo más peligroso y no asegura que la soldadura sea segura. Este debate corrresponde promoverlo desde ya, pues deberá resolverse en los próximos años.
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