Un triunfo más
Mientras algunos recibimos con mucha alegría la victoria inobjetable y contundente del valiente periodista Mauricio Funes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en las elecciones presidenciales que tuvieron lugar en El Salvador el día domingo 15 de marzo de 2009, –exactamente un mes después del triunfo arrollador de la enmienda constitucional en nuestro país– para otros, por el contrario, este resultado les cayó como un balde de agua fría y ahora acuden a cualquier cantidad de subterfugios.
Lo cierto de todo es que este triunfo del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), echó por tierra las opiniones de quienes aseguraban que al desarmarse desaparecería, pues, se sostenía, que su única fuerza descansaba en las armas. No faltaron razones para ello. Después del largo proceso de guerra revolucionaria, la tarea de forjar un nuevo partido no fue fácil, hubo que superar el muro del terror levantado por más de sesenta años de represión, las actitudes mañosas de los políticos de derecha que querían impedir la legalización del FMLN como partido político y las dificultades de la organización del partido a nivel nacional. El trabajo fue enorme, el proceso orgánico multiplicó por varias veces la cantidad de sus miembros y, en poco tiempo, el FMLN se convirtió en uno de los principales partidos políticos del país.
El día domingo 15 de marzo, el pueblo salvadoreño no vaciló, dio un paso al frente y demostró su claridad y valentía, derrotando la campaña de mentiras, basura y manipulaciones que se desencadenó contra líderes progresistas y dignos de América Latina y el Caribe, en particular contra nuestro presidente. Estas campañas de infamia que sectores interesados han fomentado en nuestro continente, fueron hoy pulverizadas por la conciencia mayoritaria del pueblo salvadoreño.
Una vez conocidos los resultados, el presidente Hugo Chávez felicitó al presidente electo de El Salvador, «reiterándole que la unión de nuestros pueblos es el único camino para superar la crisis que se ha desatado desde el corazón del capitalismo del Norte». Al mismo tiempo le manifestó que en este momento crucial, «los hijos de Bolívar tendemos nuestra mano solidaria al presidente Mauricio Funes, para que juntos avancemos en la consolidación de la nueva época que estamos viviendo, superando unidos el atraso y la pobreza».
Finalmente, el presidente Chávez dijo lo siguiente: «Hoy los venezolanos estamos felices y, en esta hora de felicidad recordamos al líder de la paz Shafik Handal, y a tantos hombres y mujeres que dieron su vida por el renacer del pueblo salvadoreño, con quienes recordamos el canto de Alí Primera: ‘dale salvadoreño, que no hay pájaro pequeño, que después de alzar el vuelo se detenga en su volar’. Volemos juntos, El Salvador y Venezuela, hacia la construcción de la gran patria americana en la hora de los pueblos».
Este otro triunfo de una fuerza progresista, indudablemente, abre no sólo una nueva etapa para El Salvador y toda Centroamérica, sino que consolida la corriente histórica que en esta primera década del siglo XXI se ha levantado en el continente americano, con sus propias características y lenguajes y siempre en correspondencia con la realidad nacional de la cual se trate, pero cuyo denominador común ha sido y es la de constituir una alternativa ante las políticas neoliberales que pulularon por doquier bajo el amparo del Consenso de Washington.
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