Discurso presidencial

Es obvio que el Frente, y el único que lo podía hacer es el presidente Vázquez, necesita una «compostura» o «zurcido» interno, habida cuenta sus divisiones indisimulables y lógicas mutuas, entre Mujica y Astori y demás etcéteras. Sin perjuicio de un apoyo también urgente tratando de detener el cuestionamiento general a Danilo, apoyado subrepticiamente por Tabaré, que sigue abrumado por las ventajas que le sigue sumando el «Pepe». Claro, hay impedimentos legales ineludibles desde el arranque a un acto público de esa magnitud que necesita esta metástasis que se extiende en el Frente y es y tiene intención política. Y pasa paradójicamente por lo constitucional, siendo justo el presidente Vázquez, el que no lo puede hacer. Está impedido de hacer actos políticos partidarios. O sea, el hecho puede dar hasta para una iniciativa de juicio político al Presidente.

Es obvio, que con las mayorías absolutas que tienen hacen infructuoso todo intento de legítima defensa de la Carta Magna tan violada y manoseada, siendo como es, indispensable al funcionamiento de un Estado de Derecho. Se puede pensar y es un ejemplo de costumbre de la izquierda tradicional, el emular otros ejemplos similares de violaciones de las constituciones a los efectos de perpetuarse en el poder con su debilitamiento y pérdida de importancia en la opinión pública.

O sea, el concepto de respeto «sagrado» a la carta institucional, pasa a ser comparable con el de un «librito» cualquiera. La Constitución no es maleable al gusto y paladar de un partido o del Presidente. Rige la vida del país. De lo contrario es anarquía. Cuando eran oposición, les servía. Y cuando son gobierno la cuelgan en el rincón de los desperdicios. En un discurso tedioso de dos horas y media, el Uruguay nunca tuvo como costumbre y tradición propia «cubana», de exposiciones kilométricas, se explayó Vázquez en conceptos partidarios politiqueros con fines inocultos electoreros, que el primer mandatario debe prolijamente cuidar de no violar ni meterse, garantizando objetividad y neutralidad. Para eso es el Presidente de todos los orientales, sean del pelo que sean. No puede groseramente atacar a los demás partidos culpándolos de procesos anteriores internos o externos con nombres y apellidos. «Los gobiernos anteriores blancos y colorados fueron culpables y etcétera». Hubiesen sido o no, es su criterio el que está esgrimiendo y sus opiniones como Presidente. No puede agredir a la oposición. No está en una republiqueta bananera centro americana de izquierda o derecha, donde sus mandatarios tratan de permanecer por vida en el podio máximo usando la ley como chicle para satisfacer sus apetitos y el de sus corifeos. Uruguay tiene una tradición legalista y respetuosa de la Constitución y la Ley que nos diferencia claramente del resto continental. Y ese respeto lo supimos cultivar justamente los blancos con el primer presidente que lo implantó, que fuera el Libertador Manuel Oribe. Fue también obvio, que el discurso tuvo una cargada doble intención de apoyo a Astori. Sin perjuicio de extenderse en elogios y ditirambos a cuanto jerarca que le vino en mente, incluyendo a la «amazona» ministra del Interior que «¡tanta seguridad le ofrece a la población que hasta a los propios ministro los roban!» Pregúntenle a Danilo y al Toto Rossi… Todo un sarcasmo que los mismos hechos desmienten. Obsérvese que, en plena euforia, llegó a decir que la izquierda en la crisis de 2002 actuó con total lealtad institucional. ¡Macanudo. Nos dejó de una pieza!. Entonces, recomendó el default… ¿Se acuerdan? Si en la crisis que viene la oposición lo imita, ¡»flaca» crisis vamos a pasar…! Insistió que era un acto político de todos los uruguayos y no partidario. Consciente, obvio, de sus múltiples violaciones institucionales. Mientras las cámaras de la TV privada paga y el oficial, enfocaban a los tres candidatos del Frente permanentemente, aventando cualquier interpretación antojadiza sobre que el acto fuese neutral. Como fue de todos los uruguayos, espero que se me desglose, como a todo oriental medio, de mis haberes para pagar la proporción de tan barata y necesaria propaganda electoral. Pagan más los que ganan más y también más los que ganan menos… Terminó su egolátrico y demagógico discurso, envuelto en una bandera de la Patria a guisa de poncho sobre su delicado y fino traje de medida. Al igual que en tiempos de su querido Progreso cuando obtenía algún meritorio triunfo ante Peñarol o Nacional, en su añosa Teja. Festejos muy graciosos y simpáticos.

Pero como Presidente de todos los orientales, es poco respetuoso. Y para rematar tampoco se salvó la prensa. Desea, aunque no lo diga, es obvio, que sea muy mansa cipaya. Que sólo le admita y señale sus aciertos y no sea opositora. Parecida a la cubana, staliniana, chinita, la rumana de Caucesco y demás etcéteras. Me suena a totalitarismo…¿No les parece?

P.D.: Es de suponer que entre hombres, las ironías o payasadas ofensivas, se deben repetir «cara a cara» y de frente como corresponde ante quién se pretende ofender. No se puede pensar que un Presidente agreda o menoscabe imitando de palabra y después, «como perro rabón se esconda entre los maizales». Los blancos jamás nos metimos en ninguna «tatucera» y nos ganamos el respeto por responsabilizarnos por nuestros dichos. Se gane o se pierda, es sólo un problema de «redaños».

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