La patria también es cultura y sueños
En los últimos días, algunos candidatos del Frente Amplio (Carámbula y Astori), aspirantes a la Presidencia de la República, han definido como prioridad el tema de la cultura.
Si este planteo se hubiera presentado hace 40 años, muchos hubiéramos sostenido que ese era un planteo elitista, casi aristocrático. Pero hoy la historia es otra.
La apuesta de estas propuestas va dirigida a un sector de la juventud uruguaya, que tiene un profundo arraigo con la idea de patria y de nacionalidad. Incluso podemos decir más: los jóvenes vinculados al arte y la cultura son los que menos se tientan con emigrar del país. Es que ellos saben, con Alfredo Zitarrosa, que las creaciones culturales están directamente vinculadas al acontecer diario de los pueblos y que es casi imposible expresarse sin la experiencia de los «Boliches del Cerrito», donde el pueblo se manifiesta a través de aquellos conciudadanos que están en las mejores condiciones para interpretar el colectivo.
No somos de los que creemos que los uruguayos nos encontramos entre los más cultos en América del Sur y el Caribe, porque esa es una visión europeísta que nos hizo mucho mal, pero somos de los que creemos que tenemos una identidad nacional que hay que desarrollarla y profundizarla.
En la etapa actual del capitalismo, la cultura se ha transformando en una mercancía, por momentos extremadamente insultante. Pero hay que saber que no hay cultura sin mercancía y de este habló Zitarrosa cuando elevó su voz diciendo: «Yo canto por dinero, como un obrero».
Hoy la cultura da trabajo – genera plusvalía, es verdad- impulsa el desarrollo económico, se transforma en un factor social inclusivo, hace soñar a los jóvenes. Quizás la mejor imagen de todo este sea Jorge Drexler, un médico que con su canto enamora a la gente en una perspectiva de futuro.
Una vez más la izquierda uruguaya pone sobre la mesa un nuevo tema, porque tiene la particularidad de tener un cable a tierra con los movimientos casi indescifrables de la sociedad.
Por encima de los perfiles electorales que los precandidatos exponen, lo que importa es que en los próximos meses puede quedar como resumen de la sociedad una nueva cultura de la cultura, valga la redundancia, donde podamos retener a nuestros muchachos que cuando se expresan artísticamente, no se van.
Por eso parece increíble que un candidato como Jorge Larrañaga quiera contraponer el apoyo al teatro El Galpón por parte de las finanzas del Estado, con el apoyo que se le dé a los sacrificados productores lecheros, que sufren los golpes de la sequía y de la crisis global del capitalismo mundial.
No hay país sin productores lecheros, pero tampoco hay patria sin teatro, sin poetas, sin cantores, sin escritores, sin aquellos que nos hacen cuestionar el transcurso de la vida.
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