Violencias
Un insulto, una amenaza, un texto pintado en un muro, una caricatura o cualquier otra expresión similar, no son hechos menores especialmente si su contenido es racista, antisemita, xenófobo o discriminatorio en cualquier otro aspecto. Si estos hechos no generan una reacción se repiten, pasan a integrar el paisaje habitual y con el transcurso del tiempor alcanzan una suerte de legitimidad en la vida pública.
El actual rebrote antisemita en Buenos Aires es prueba de ello porque hubo de todo:
Declaraciones, manifestaciones callejeras con escrache incluido, pintadas cuyos participantes y autores militan, según algún jerarca, en la Convergencia Socialista y en grupos de izquierda trostkista. (Dicho sea de paso, Troski era judío).
En ocasiones anteriores, los participantes provenían de sectores racistas ultranacionalistas.
El antisemitismo tiene un carácter proteico que le permite acomodarse a todo tipo de coyunturas, y vestirse con los más variados atuendos, pero el resultado es el mismo: – Se trata de comportamientos de exclusión y sus autores, individuos proclives naturalmente a ideologías totalitarias.
En el marco de los sucesos mencionados, el piquetero Luis D´Elía, embarcado al parecer en una guerra personal contra los judíos, tras asegurar que cuenta con el respaldo de «buena parte del gobierno», negó a los judíos argentinos su condición de argentinos. Eso tuvo lugar hace pocos días («Ambito Financiero» del 29 de enero).
Eso no es todo.
Lo que agotó nuestra capacidad de asombro son las declaraciones de María José Lubertino, quien dijo que «el Inadi no tiene nada que decir sobre los ataques antisemitas porque no es un organismo opinador», no obstante lo cual, la propia Lubertino, como subrayara el periodista Sergio Dattilo, dictaminó, sin que nadie le reconociera autoridad para ello, que «Israel violó reglas de derecho internacional y eso se le vino en contra».
El Inadi (Instituto Nacional Contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) es una entidad descentralizada que funciona en el ámbito del Ministerio del Interior, goza de personería jurídica con plena «capacidad de derecho público y privado» y por mandato legal debe, por ejemplo, elaborar políticas, analizar la realidad nacional, alertar a la opinión pública, todo ello en relación a la discriminación, el racismo y la xenofobia, o sea que el Inadi es en este ámbito el principal referente del Estado argentino y su actual Presidenta es… María José Lubertino, la misma que «no tiene nada que decir» en materia de antisemitismo.
¡Cómo será la cosa que el ministro del Interior, Aníbal Fernández, y el secretario de DDHH le tuvieron que pedir «que se ponga a estudiar la comisión de actos discriminatorios»!
En nuestro país, asoma en los últimos meses una tendencia creciente de hechos de carácter antisemita y otros de un antiisraelismo que conceptualmente es algo distinto- tan feroz que cabe preguntarse si no se trata de un antisemitismo apenas encubierto tras la coartada que constituye la existencia del Estado de Israel.
El acto que la Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino-Uruguay, el PIT-CNT y otras organizaciones convocaron el viernes 30 de enero en solidaridad con el pueblo palestino en el Paraninfo (¿La Universidad ya no requiere un mínimo de seriedad para los actos que tienen lugar en el Paraninfo, otrora santuario emblemático de la vida académica del país?) es un ejemplo preocupante. En tal ocasión, según «Búsqueda» del 5 de enero, se reivindicó, entre otros, el Carácter del Hamas como una «gigantesca obra social». Sin comentario.
Si bien estos hechos no tienen la entidad ni la repercusión del país vecino, ha llegado el momento en el que la Comisión Honoraria creada por la Ley contra el Racismo, la Xenofobia y cualquier otro tipo de Discriminación ponga en funcionamiento las amplias competencias que le confiere el propio texto legal y se aboque al análisis del tema en todas sus facetas, si es que ya no lo está haciendo, y se difunda su evaluación.
Nadie en su sano juicio puede creer que hay tiempo ilimitado para ello.
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