Crisis mundial: ser realistas
La crisis que golpea sin tregua la economía mundial está alentando protestas sociales en toda Europa, desde Reikiavik hasta Sofía. Y las clases dirigentes comienzan a temblar, perdidas en la desesperación.
Las turbulencias financieras ya se han llevado por delante a los gobiernos de Bélgica e Islandia, y empiezan a pasar la factura de la inestabilidad a otros países europeos, como Francia y Reino Unido y, especialmente, al antiguo bloque comunista, donde se han visto algunas de las mayores movilizaciones de los últimos 20 años. «La situación es preocupante y puede empeorar en los próximos meses», ha advertido el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn. La crisis amenaza con provocar protestas «casi en todas partes», alertó.
El comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, afirmó hoy que si las entidades financieras no conceden créditos «no habrá recuperación» de la economía, que se encuentra inmersa en una crisis «sin precedentes». A la vez aseguró que «sin crédito no habrá recuperación, y sin confianza, no hay crédito».
Sobre la confianza, el comisario indicó que ésta es necesaria tanto por parte de la demanda de crédito como de la oferta, y se mostró confiado en que ésta «va a volver». En todo caso, el sistema financiero no va volver a los mismos niveles de actividad que en los años previos, y defendió que «estamos viviendo el final de una época» en la que «había una fe exagerada en las virtudes del mercado».
«No podemos volver a crear las condiciones» anteriores, «no nos podemos permitir el lujo de encadenar burbujas financieras», apuntó. Para Almunia el mundo saldrá de la crisis en dos años y dijo que el sector de las energías renovables está prosperando. Hasta aquí la información internacional, que también incluye que la clase obrera sindicalizada de Europa, sale de la siesta de la última década y se apronta a defender sus derechos. Todo indica que la crisis global, que alarma a los grandes capitalistas que fueron a llorisquear a Davos, empuja también a la recreación de una nueva política internacional de los sindicatos en el mundo.
Si los trabajadores no se unen, si no tratan de incidir en las decisiones que se deban tomar para superar la crisis, seguramente los poderosos capitalistas volcarán con saña, sobre las familias trabajadoras, el peso de las pérdidas y de los fracasos.
Según Rebelión «la reestructuración capitalista elevó abruptamente la cantidad de desempleados en el mundo que llega, según la OIT, a 190 millones de trabajadores, en tanto que el subempleo alcanza los 1.300 millones. El 50 por ciento de la población activa mundial está subempleada o trabaja en condiciones de alta precarización».
El mensaje de la OIT, advierte su director, Juan Somavia, no es alarmista, sino realista: «Nos enfrentamos a una crisis del empleo de alcance mundial. Muchos gobiernos son conscientes de la situación y están tomando medidas, pero es necesario emprender acciones más enérgicas y coordinadas para evitar una recesión social mundial. La reducción de la pobreza está en retroceso y las clases medias se están debilitando. Las consecuencias políticas y de seguridad son de proporciones gigantescas».
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