El legado de Bush
George W. Bush termina en dos días ocho años al frente de la Casa Blanca, fue el presidente que inauguró el nuevo milenio y lo hizo bajo los augurios y los deseos expresos de consolidar una época de hegemonía mundial sin rivales. Aunque no lo demuestre mucho, Bush es licenciado en Historia de Yale y en Administración de Empresas en Harvard. Antes de ser presidente tuvo un más que mediocre desempeño en el emporio petrolero de su padre y, también, dos períodos como gobernador de Texas; lo más recordado de su gestión es el incremento récord de la aplicación de la pena de muerte: ejecutó 102 reos, la mayoría negros y latinos. Un primer balance de la gestión de Bush lo hicieron los propios norteamericanos, en las últimas elecciones el Partido Republicano tuvo una de las peores votaciones de la historia y él se retira como el presidente con menos popularidad del que haya registro.
No conviene olvidar, no obstante, que ese mismo electorado lo eligió dos veces y la última, cuando ya se había producido la invasión a Irak. El legado de Bush tiene muy poco que ver con el pregonado «milenio americano», deja a EEUU aislado internacionalmente, desprestigiado, con una pérdida de influencia notoria en América Latina, empantanado en dos guerras de conquista, Afganistán e Irak y en el medio de una de las crisis económicas más graves de su historia. Bush, durante su gestión desde la Casa Blanca, impulsó el militarismo y la guerra como instrumento principal de la política exterior, introdujo un concepto nuevo en la política internacional, el de las «guerras preventivas». Arrasó de un plumazo con toda la doctrina del derecho internacional y de la regulación de conflictos, de las guerras como respuesta a una agresión se pasó a pretender justificar las guerras solo con la sospecha de una posible agresión. Esa doctrina fue la que permitió, lanzar la agresión a Irak, basada en dos gigantescas mentiras que se repitieron como verdad absoluta por Estados Unidos y sus medios de comunicación afines: Irak era aliado de Al Quaeda y tenía armas de destrucción masiva. Bush le mintió a la ONU, a su propio pueblo y a todo el mundo, sin embargo los marines siguen en Irak y las compañías norteamericanas siguen llevándose el petróleo; por supuesto, siguen muriendo iraquíes, pero eso, según Bush, forma parte de los «efectos colaterales».
Su visión del mundo se refleja claramente en una de sus frases que quedará para la historia, y no se trata precisamente de algunos de sus ya célebres disparates; no, esta es bien seria y macabra. «Todas las naciones del mundo tienen que tomar una decisión. O están con nosotros, o están con los terroristas», dijo en Washington, el 20 de setiembre de 2001. También dio vía libre a la práctica masiva de la tortura, los secuestros y las ejecuciones sumarias, a la CIA y el Pentágono y a nivel global. Bush además, le dio nuevo impulso, al delirio guerrerista de Ronald Reagan y por supuesto de las empresas de armas norteamericanas que obtendrían ganancias siderales, llevar el armamentismo al espacio exterior con el «escudo antimisiles».
No se quedó solo en eso, también se negó a firmar el protocolo de Kyoto y cerró la puerta a cualquier iniciativa seria que buscara mitigar la contaminación y el calentamiento global, de los cuales EEUU es el principal responsable a nivel planetario. Fracasó estruendosamente en su intento de atenazar a América Latina como coto cerrado de EEUU. La iniciativa del ALCA, que es cierto, heredó de Bill Clinton, la transformó en el sanctasanctórum de su política hacia América Latina y fracasó rotundamente. Luego intentó sin éxito, aunque con constancia, dividir al Mercosur, y promover TLC o pequeños Alcas regionales, solo tuvo eco en Centroamérica, Colombia y Perú. América Latina se unió, creció en su integración y hasta promovió la integración política y económica de Cuba. Todo, a pesar de las expresas intenciones contrarias de Bush. EEUU tiene hoy más pobres, 54 millones de personas sin cobertura de salud y la desocupación más alta de su historia desde el crac de 1929.
Este sucinto resumen no agota el balance de lo que dejan para el mundo los ocho años de gobierno de Bush, pero es una muestra representativa.Además, Bush mismo, en su discurso de despedida, mostró que no entendió nada, lejos de cualquier autocrítica afirmó: «Aunque nuestra nación es más segura de lo que era hace siete años, la peor amenaza para nuestro pueblo continúa siendo otro ataque terrorista».
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