Nuestra cuestión nacional

En tiempos de pretendido descaecimiento de las ideologías ­merced al neoliberalismo y posmodernismo­ es sano reafirmar los fundamentos ideológicos de la izquierda. Esta es internacionalista, pues la solidaridad entre los trabajadores y explotados del mundo es la base de sustentación de un futuro más igualitario, libre y fraterno. El ecumenismo católico medieval, o la fraternidad universal masónica, son antecedentes de quienes se elevan hoy más allá de la comarca.

 

La izquierda, orientada hacia ese objetivo, observa un mundo fragmentado en naciones enfrentadas y, lo que es peor, divididas en opresoras y oprimidas. Si aspiramos a un mundo diferente, debemos empezar por entenderlo.

 

Las naciones son hechos históricos (por tanto, perecederos), comunidades estables, de vida económica, de territorio, de idioma, de valores y de cultura, todas con sus singularidades y complejidades.

Las naciones modernas nacen en Europa, al desarrollarse la economía mercantil, propia de la burguesía, contra los intereses feudales. Superar las barreras feudales ­diferentes medidas, peajes, monedas, idiomas, costumbres, etc­ era imprescindible para unificar el mercado nacional que permitiera mayor desarrollo de la producción y de la circulación de la riqueza.

 

La mayoría de los pueblos del continente americano ubicados al sur del río Bravo, tienen como principal raíz común, la de haber sido colonizados por España. Esta ­unificados sus diversos reinos en los albores de la modernidad­ conquista y coloniza un vasto territorio y domina a una pluralidad de etnias y de estados aborígenes. Por ende, la idea de unidad hispanoamericana será fuerte en los movimientos independentistas del siglo XIX y en hombres representativos como Miranda, Bolívar, San Martín, Moreno y Artigas.

 

España había estructurado virreinatos y capitanías generales para dominar ese extenso territorio y, como las fuerzas productivas y las vías de comunicación eran débiles, (respecto a las actuales), los procesos hacia la independencia se circunscribieron a esos virreinatos o capitanías generales. Esto pasa con las Provincias Unidas del ex Virreinato del Río de la Plata. De allí que los estados provinciales platenses se sientan integrantes de esas Provincias Unidas, o argentinos. La proclama de los Treinta y Tres, al desembarcar en la Agraciada, lo confirma al dirigirse a los «argentinos orientales».

 

Durante la guerra entre las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil para definir el destino de la Provincia Oriental o Cisplatina, la «mediación británica» logra la separación oriental de su matriz platense y la creación del primer «estado tapón» eficiente de la historia contemporánea. Los británicos gestan el estado oriental antes de que se conformara la nación oriental, antes de que los orientales dejaran de sentirse argentinos. Esta es una anomalía de la imposición colonialista, porque el Estado es la estructuración ­jurídica, política, militar­ de la Nación y por consiguiente, es su consecuencia.

 

Más tarde, las disputas entre fracciones de la clase dominante local, van edificando ideológicamente a la «patria chica oriental» , al mismo tiempo que surgen otras «patrias chicas» en procesos análogos y cuando Gran Bretaña, con intervenciones diversas, evita la unidad continental.

 

En el siglo XIX, merced a la influencia cultural francesa, el concepto de Hispanoamérica cede paso al de América Latina, y luego al de América Latina y el Caribe. Por su parte, con fines de dominación, los Estados Unidos proyectan el «panamericanismo».

 

Actualmente se reclama la acción del Estado tanto para sostener al «libre mercado» como para liberarse del dominio del gran capital. En la segunda opción, un Estado representativo de los intereses nacionales y populares, simultáneamente tiene que armonizar la defensa de la soberanía latinoamericana y de la uruguaya, lograr la eficaz integración latinoamericana y hacer efectivo el principio de la igualdad de derechos del Uruguay frente a las naciones vecinas más poderosas. Estados nacionales fuertes, en pie de igualdad y unidos son piezas inseparables de un proyecto liberador.

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