¿Cuánto peor mejor?
La derecha uruguaya, que se expresa en los sectores mayoritarios de los dos partidos tradicionales, está morbosamente disfrutando de la compleja situación de la economía mundial y de las consecuencias del cambio climático, que en nuestro país se manifiesta con una grave sequía.
Se nos puede decir que la política opositora de las dos viejas colectividades políticas está en su pleno derecho de ejercerla como mejor le parezca. Y eso se puede aceptar, pero igualmente merece una reflexión.
El país en 2002 cayó en un profunda crisis financiera, económica y social. Posteriormente comenzó su lenta recuperación, hasta que la misma se aceleró con la llegada al gobierno del Frente Amplio. Fue así que la sociedad uruguaya fue construyendo su propio destino y tomando confianza en sus posibilidades.
Hoy, la situación del Uruguay es otra. Por encima de los datos espectaculares sobre la creación de la riqueza y de su distribución, también es palpable la constatación de que los uruguayos confían en el momento que está viviendo.
Crece la inversión, no sólo la extranjera sino también la nacional, pero también crece el optimismo, las ganas de vivir y de establecer nuevos emprendimientos individuales y colectivos. Las playas desbordadas de jóvenes no es, en este sentido, una simple casualidad sino que es una demostración más de la salud social que vive el Uruguay, a pesar de que hay zonas sociales que aún están en una situación de marginalidad de las mejoras de la economía y de la distribución de los ingresos.
Ante esta realidad la derecha apuesta al fracaso y mira para el cielo, no esperando que llueva, sino que soplando para que las nubes se alejen de nuestro territorio. Esos soplidos tienen forma de crítica, pero no de propuestas y de contribución al encuentro de mejoras de la situación.
Si bien esta actitud de la derecha es grave coyunturalmente, lo es mucho más grave porque está demostrando que sólo le importa el poder por el poder mismo y no el mejoramiento de las condiciones de vida de los uruguayos.
Con esta filosofía de cuanto peor mejor, como mecanismo para ganar el gobierno nacional que practican los opositores, no van a llegar a ningún lado. Es que hoy nuestra gente sabe que tiene un gobierno que lucha a brazo partido contra el malhumor de la naturaleza y que lo hace sin apartarse de la idea artiguista de que «los más infelices sean lo más privilegiados».
El gobierno nacional se ha hecho responsable de todo el aparato productivo agrario del país, pero su énfasis está en apoyar a los más débiles, a los que pueden quedar fuera de la producción si continúa la sequía.
Ese el camino que eligió la mayoría de los uruguayos cuando, el último domingo de 2004, votó al Frente Amplio, para que el país rumbeara hacia la izquierda.
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