EDITORIAL

Mirando al norte

A medida que se aproxima el 20 de enero, fecha en que Barack Obama asumirá la presidencia de Estados Unidos, el mundo entero mira hacia la Casa Blanca.

En Latinoamérica hay una gran expectativa, a pesar de que no hay señales claras del próximo Presidente de Estados Unidos sobre la región.

Estados Unidos ha estado en los últimos años de espaldas a América Latina, sólo enfocando su política exterior hacia países como Colombia y algunos centroamericanos, que han sido por décadas aliados naturales de ese país.

Pero hoy Obama, quien durante su campaña electoral dedicó pocos capítulos a los países que viven al sur del Río Bravo, tiene la responsabilidad de comenzar una nueva época, en la que el tema de Cuba será significativo, cuando llegue el momento de evaluar si realmente hay voluntad de cambio y de entendimiento con nuestro pueblos. David Brooks, corresponsal de la Jornada de México y atento observador de la política estadounidense hacia nuestro países, señaló ayer que en el sitio de Internet de la campaña presidencial de Obama se prometía que «en el caso de Cuba, se otorgará poder a nuestros mejores embajadores de libertad al permitir viajes y remesas a la isla ilimitados de familias cubanoestadunidenses.

El empleo de diplomacia intensiva y de principios también (un presidente Obama) enviará un mensaje importante: si un gobierno pos-Fidel da pasos significativos hacia la democracia, empezando con la liberación de todos los prisioneros políticos, Estados Unidos está preparado para dar pasos que lleven a normalizar las relaciones y aflojar el embargo que ha gobernado las relaciones entre nuestros dos países durante las últimas cinco décadas».

Estos anuncios, para el corresponsal de La Jornada, no pueden asegurar un rumbo de cambio sostenido.

Por eso, al finalizar su columna, manifiesta que ahora se verá si el cambio de régimen en Estados Unidos está dispuesto, por primera vez en 50 años, a reconocer el principio básico de la autodeterminación y no intervención en las relaciones internacionales en el caso de Cuba y con ello de que un cambio o no de régimen en la isla es asunto exclusivo de los cubanos en la isla».

Ante esta situación aún muy difusa, está reclamando que la diplomacia latinoamericana tiene mucho para hacer.

No puede pasar que el Sur se la pase mirando al Norte en espera de los posibles cambios en la Casa Blanca.

Es, por eso, que estamos ante una hora que requiere de acciones y no de expectativas que inmovilizan y que impiden toda posibilidad de incidir, para crear un nuevo cuadro político.

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