EDITORIAL

Inmigrantes, víctimas de la crisis

A medida que se propaga la crisis financiera mundial más inmigrantes se quedan sin trabajo. Dado que los inmigrantes son un componente clave de la fuerza de trabajo tanto en los países desarrollados como en las naciones en desarrollo abordar su grave situación se ha convertido en una preocupación fundamental a escala global.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha estimado que la crisis puede incrementar la desocupación mundial de 190 a 210 millones de personas a fines de 2009, especialmente en los servicios, la construcción, las finanzas y el turismo. Y lo que es más dramático, el número de personas pobres que viven con menos de un dólar diario podría aumentar en 40 millones y el de las que viven con dos dólares diarios en más de 100 millones.

En Europa, los observadores indican que en las últimas semanas los inmigrantes que trabajan en la construcción y el comercio minorista están dejando en tropel los países en los que se habían establecido. Cerca de la mitad del millón de europeos del Este que se mudaron al Reino Unido desde 2004 ha vuelto a sus países a medida que la ocupación en la construcción y sectores conexos ha disminuido.

El desempleo en Estados Unidos, que ascendió al 6,7% en noviembre pasado ­su más alto nivel de los últimos 14 años­ se prevé que podría sobrepasar el 11% antes del fin de la crisis. No sorprende la noticia de que la inmigración ilegal bajó un 40% con respecto al 2005. En China, las fábricas están cerrando a medida que se retraen las órdenes de exportación. Casi 10 millones de emigrantes han retornado a sus países en los últimos seis meses. El mismo proceso se está extendiendo a través de Asia.

Estas «emigraciones al revés» sin precedentes significarán una pesada carga económica y social para los países de los que provienen esos trabajadores y en particular para aquellos en que las remesas de dinero enviadas por sus emigrantes a sus familiares son una importante fuente de constante y predecible financiación externa. Las remesas registradas totalizarán 283.000 millones de dólares en 2008, una suma que equivale a más de la mitad de las inversiones extranjeras directas y a más del doble de la asistencia al desarrollo recibida por aquellos países.

Ya están surgiendo los impactos sociales negativos provocados por esta situación. Es sabido que los trabajadores extranjeros son los más vulnerables en tiempos de crisis. Según un estudio publicado por el Fondo Marshall Estados Unidos-Alemania, más del 50% de los estadounidenses y el 34% de los europeos creen que los inmigrantes les quitan trabajo a los nativos. Existe una serie de áreas en las que se necesita una acción concertada, particularmente en aquellas relacionadas con la creación de conciencia sobre los aspectos positivos de las migraciones, la facilitación de las remesas y el establecimiento de redes de seguridad.

Los gobiernos deberían elevar la conciencia sobre el papel positivo que las migraciones pueden jugar en el crecimiento económico. Los gobiernos y las Naciones Unidas deberían también aumentar la conciencia sobre los derechos de los trabajadores inmigrantes y asumir un fuerte compromiso para protegerlos. El Grupo Mundial sobre Migración (GMC) ha llegado a la conclusión de que la ratificación y la aplicación de los instrumentos existentes en materia de derechos humanos es un desafío que requiere la mayor atención. Las primeras víctimas de la crisis son los trabajadores inmigrantes y sus familias. Si no se los contempla, su situación terminará perjudicando a sus sociedades, de las que partieron y a las que llegaron, en busca de un mejor futuro.

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