EDITORIAL

Dos malas y una buena

En estos días previos a que George W. Bush se retire de la Casa Blanca, los latinoamericanos deben de estar muy atentos porque en cualquier momento se acuerda de nuestra existencia, lo que por cierto no sería para nada bueno.

El domingo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, reveló que el presidente boliviano Evo Morales le informó, mediante una llamada telefónica, que en su país se ha descubierto un nuevo plan de magnicidio.

El gobernante venezolano explicó que el plan contra Morales es consecuencia de los «éxitos» del gobierno boliviano y de la imposibilidad de la oposición de lograr el poder por medios democráticos.

A la vez recordó que «Evo se encamina a otra victoria con la nueva Constitución, y por eso surge el plan para matarlo, porque no tienen otra opción», planteó el presidente venezolano.

Casi al mismo momento se conoció otra denuncia, que también partió de Venezuela. En este caso fue el canciller Nicolás Maduro quien enfrentó con energía un reciente editorial de The Washington Post que arremete contra el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, y el proceso revolucionario.

En ese editorial del 19 de diciembre se señala que el jefe del Estado venezolano no podrá ganar el referéndum sobre la enmienda constitucional para permitir la reelección presidencial indefinida, sin recurrir al fraude o al uso de la fuerza. El gobernante venezolano recordó que eso ocurrió cuando el 19 de diciembre se cumplían 100 años del golpe de Estado contra el entonces presidente Cipriano Castro promovido, coordinado y dirigido por Estados Unidos.

La otra cara de estos anuncios preocupantes fue el hecho de que las FARC anunciaron «liberaciones unilaterales» de seis rehenes que fueron calificadas por la senadora colombiana Pilar Córdoba como «un mensaje de voluntad, paz y de solución al conflicto».

Es una buena noticia y nos alegra estar dando pasos que conduzcan a la liberación de personas», dijo la legisladora colombiana, quien tiene todo el apoyo del presidente Chávez, además de la Conferencia Episcopal de Colombia y de la Cruz Roja internacional.

Rodear a Chávez y a Evo Morales, para que sus procesos pacíficos de democratización de sus sociedades pasa a ser una tarea imprescindible, tanto como de los gobiernos, partidos y pueblos.

Asimismo se debe apoyar el gesto de las FARC, que de prosperar estaría oxigenando una zona en donde muchas veces hay más armas que flores.

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