Segundo ajuste fiscal

La semana anterior volvieron a subir los precios de los derivados de petróleo que elabora y distribuye Ancap. Desde las elecciones de noviembre del año pasado, han ocurrido dos aumentos (en diciembre y en febrero) que totalizan un 20% en los precios.

La justificación: ha aumentado el precio del petróleo crudo. En efecto, ello ha ocurrido a partir del mes de agosto del año anterior y –al momento de escribir estas líneas– dicho incremento asciende al 52%, si consideramos el precio base con que vino trabajando el ente público desde 1997. También es conveniente recordar que desde esa lejana fecha los precios internacionales bajaron sostenidamente durante 1997, todo 1998 y hasta el mes de agosto de 1999, sin que nosotros tuviésemos ningún beneficio en materia de rebaja en los precios internos.

Ahora bien: ¿justifica un aumento del 20% en dos meses de los precios que usted paga, un incremento del 52% de la materia prima? Yo creo que no.

Y le digo humildemente «creo», porque la ecuación paramétrica utilizada para calcular el precio de los derivados del petróleo es un secreto celosamente guardado, al que ni usted ni yo podemos acceder, aunque seamos los paganinis de la boda (en este caso, del precio).

Ese desconocimiento forma parte de la serie de carencias en los derechos de los consumidores, que existen en nuestro país .

Vayamos desagregando. Es necesario saber que el principal componente del precio de los derivados del petróleo son los impuestos. Ellos se llevan la mitad del mismo. Y la otra mitad se compone por materia prima (petróleo crudo), insumos, gastos de fabricación, salarios, gastos de distribución y ganancias de Ancap.

Como se puede ver a ojo de buen cubero (que es el único que nos permiten), resultan absolutamente exagerados los dos aumentos sucesivos que hemos sufrido usted y yo en dos meses solamente.

La única explicación que cabe, por consiguiente, es que –escondido y justificado en el aumento del precio del petróleo crudo– nos están contrabandeando un aumento de impuestos. Y eso, salvo mejor opinión, es un ajuste fiscal.

Me pregunto qué estará diciendo aquella escribana que –desde la tele– clamaba en el mes de noviembre «basta de impuestos», mientras aconsejaba no votar al doctor Tabaré Vázquez.

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