Las contradicciones del modelo

En nota editorial aparecida el sábado 27, nos ocupábamos de los dos foros antagónicos reunidos simultáneamente en Suiza y en Porto Alegre.

Señalábamos allí cómo la reunión del Sur cumple la encomiable tarea de desenmascarar la trama de falsedades urdidas por el pensamiento único y por los adoradores del mercado y del capitalismo salvaje. Naturalmente que el sistema capitalista ha evolucionado, y los actuales dueños del mundo no responden a la imagen clásica –casi caricaturesca– del industrial opulento con habano y galera. El sector secundario ha ido cediendo posiciones y ya no reina como otrora sobre los otros dos; la producción de bienes materiales, aunque en desarrollo permanente, tiene cada vez menos incidencia en el producto bruto. Hoy, asistimos a una cada vez mayor abstracción, y es el sector terciario el que lleva la delantera. La lógica deja el paso a realidades casi caprichosas, como sin duda lo es la alta cotización en las bolsas de empresas con activos relativamente magros; el caso de Microsoft es una prueba de ello.

Pero obsérvense las incoherencias del sistema. De acuerdo con informaciones provenientes de Davos, hace un año, la Internet era un imán irresistible para los inversionistas, quienes llegaban a pagar hasta diez mil euros por usuario de un servicio gratuito de acceso a Internet. Hoy, un año después, cada usuario registrado en el portal estadounidense ‘Yahoo’ no se cotiza a más de 250 euros. ¿Dónde radica la solidez de un sistema capaz de generar estas abruptas caídas y el consiguiente desconcierto de agentes financieros e inversionistas?

Esa misma ‘lógica absurda’ –si se permite el contrasentido– es la que ilumina a los privatizadores, a aquellos que braman contra el Estado reclamando su desaparición. La riqueza ya no radica en los bienes que se poseen –arguyen– por lo que pretender que el Estado siga siendo dueño de sus empresas va contra el progreso y la modernidad.

A la lógica perversa de Davos, Porto Alegre responde con sensatez y dignidad, destruyendo mitos y reclamando humanismo en el desarrollo.

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