La política se ocupa de las expectativas en umbral de crisis
Será muy sencillo, de ahora en adelante, multiplicar en términos de opinión pública las adversidades que la información económica irá suministrando a la ciudadanía. Ya en estos días los principales titulares han comenzado a destacar la aparición de las primeras variaciones negativas de cuentas principales en lo que va del extenso período de bonhomía económica. Los registros de exportaciones de noviembre anticipan los problemas en el sector externo que tal como se aguardaba, impactaran en el Uruguay más tempranamente que los derivados de la inevitable caída de la demanda interna. Paralelamente las previsiones de disminución de las rentas del capital irán generando su efecto sobre los precios de los activos con su efecto previsible sobre la riqueza y las garantías.
Esta realidad ha sido prevista; aunque quizás, la extensión en el tiempo de la incertidumbre complique un poco más las cosas para el próximo trimestre de lo que pudo simular el gobierno hace unos meses. El gobierno intentará operar sobre esos desvíos utilizando herramientas de impacto relativamente inmediato en procura de mantener un escenario en el cual se pueda cerrar el complicado año electoral sin que se precipiten situaciones difíciles de manejar por cualquier administración.
Empero, hay un componente decisivo en la conformación de ese escenario que debe cuidarse con mayores preocupaciones que las que en general dispone la política a tales efectos: la formación de expectativas. Este es un área que no se superpone mecánicamente a las ideas que la opinión pública tiene respecto a las generalidades de la política. En este caso nos referimos a la formación de las expectativas económicas de la población y sus segmentos más dinámicos en particular. Es una materia específica que no es posible manejar desde las campañas publicitarias o, aún desde la mejor comunicación oficial.
En escenarios de precrisis las expectativas mal conformadas tienen efectos prociclicos, de impacto generalmente devastador en materia económica. Por demás, la sociedad uruguaya tiene una memoria demasiado reciente de rupturas, y la lenta recomposición de la confianza ha comenzado a ser amenazada. El entorno de crisis e incertidumbre contribuirá a que las malas noticias multipliquen sus efectos en la formación de esas expectativas. Importa advertir que ese riesgo de cambio brusco de expectativas económicas aún está distante. Es más, el regreso de capitales nacionales y el mantenimiento del consumo denotan que la población aún está lejos de alterar dramáticamente las expectativas en base a las cuales la población realiza sus actos comerciales y financieros. Y ello incluye a los operadores más informados del mercado, los cuales no manejan en la actualidad hipótesis de recesión y prevén incluso una mejoría de la estabilidad de precios en 2009.
Empero, es preciso saber que esos cambios de expectativa se integran con información que adelantan precios y datos económicos pero, esencialmente son muy sensibles a las conductas políticas. Desde el punto de vista económico, el gobierno tiene instrumentos para atenuar los impactos de la crisis siempre y cuando no se precipite un cambio brusco en las actuales expectativas de la población respecto al riesgo, por ejemplo, de la ingobernabilidad.
En esa perspectiva, no está muy claro lo que va a suceder en el área de la confrontación natural del oficialismo y la oposición en la anticipación de una campaña electoral histórica. Afortunadamente, en las últimas horas se han producido algunos movimientos capaces de generar ese agregado de confianza que necesita la administración exitosa de la crisis que adviene. Algunos de ellos tienen que ver con los contactos que realiza la presidencia con lideres opositores. Otros han aparecido en el discurso de los principales referentes de la izquierda. En ese sentido no ha pasado desapercibida la convocatoria a realizar una campaña sin agresiones a la oposición, y, eventualmente, a construir un gobierno de entonación nacional, realizada por el senador Mujica en su primera presentación como candidato a la presidencia.
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