Aprendizajes de un 7 de diciembre

Cinco años parecen no representar mucho tiempo en la historia de los pueblos, sin embargo, cuánta significación tuvo y tiene aquel acontecimiento del 7 de diciembre de 2003. Sin lugar a dudas que aquel triunfo fue un «parteaguas» en momentos bien difíciles para nuestro país y para los compatriotas que cargábamos sobre nuestras espaldas con la crisis financiera que tuvo responsables directos y la complicidad del descontrol del gobierno de turno.

En el haber contábamos con la experiencia y los valores que acumulamos de batallas anteriores, en particular la gran pelea por la defensa de las Empresas Públicas en 1992 que fue el primer «tate quieto» a la política privatizadora de Lacalle. Los dos años sin tregua que precedieron el 7 de diciembre del 2003, estuvieron cargados de mucha energía, mucho oxígeno, mucho resto que permitió «bancar»; primero juntando firmas a diestra y siniestra, y luego saliendo a convencer al pueblo siempre con la metodología de llegar hasta el último rincón de nuestro país. Partíamos de la base de que semejante batalla se ganaba con masas, con gente protagonizando y peleando por la defensa de Ancap, la empresa industrial y comercial más importante del Estado uruguayo. Estamos convencidos de que hay mucho que aprender y «aprehender» de aquella patriada porque desarrolló características peculiares que la distinguieron y que a la postre determinaron su resultado exitoso. Pesó la organización, la propaganda variada y creativa, la participación popular, la dirección colectiva y la convicción de estar defendiendo el «Uruguay Productivo».

Efectivamente, la organización que se montó no fue una «creación divina», se basó en la semilla ya plantada y que se demostró estaba intacta, en cada pueblo, en cada barrio; fue sencillo entonces convocar porque se trataba de los mismos protagonistas de anteriores batallas contra las AFAP, ley de urgencia, marco regulatorio de UTE, en defensa de Antel, etc. También fue muy importante la participación popular concebida como debe ser, protagonismo de verdad, llegada a cada rincón, a cada casa, delegando responsabilidades, trabajando a conciencia, con responsabilidad y trasmitiendo confianza. Otro aspecto, este sí novedoso, fue la ausencia de liderazgos que fueran determinantes para la conducción del proceso, lo que primó fue una dirección colectiva de la Comisión de Defensa de Ancap que momento a momento analizó, evaluó, tomó medidas, planificó y actuó sin fisuras, como un solo puño. Al mismo tiempo, el estar convencidos y a la vez tener la capacidad de contagiar esa convicción de estar defendiendo el SI por el Uruguay Productivo contribuyó decididamente a parar la privatización de Ancap. Batalla determinante para el final de juego del que habla Constanza Moreira en su libro, y que significó el fracaso estrepitoso de Lacalle y Sanguinetti para ser candidatos de sus respectivos partidos en el año 2004. El pueblo los había marcado por su actitud y los dejó fuera del aquel juego. Cinco años parecen no significar demasiado en la historia de los pueblos, pero cuántas cosas pasaron de allá a acá, un gobierno «cincuenta veces» veces mejor que los anteriores. Había que ver por ejemplo lo que era Bella Unión en el año 2003 cuando desde allí arrancamos en la campaña final del referéndum hacia Montevideo, que aglutinó al PIT-CNT, Fucvam, FEUU, Onajpu, con las bases y sectores de las organizaciones políticas.

En aquel tiempo, de lo único que se hablaba era de la miseria, la prostituciòn infantil y del barrio «Las Láminas». Hoy, porque el pueblo así lo quiso, Ancap con el apoyo del gobierno de Venezuela y de Pdvsa ha logrado que se hable de la producción de caña de azúcar y de miles de puestos de trabajo en una zona que estaba en estado de emergencia. Hoy Ancap resolvió U$S 700 millones de inversión para los próximos cinco años en el proyecto sucroalcholero, en el Pórtland, en la Refinería, en transporte marítimo, etc. Ahora bien, y como se dice por ahí ¿el gobierno tiene contradicciones? ¡Por favor si las tendrá¡ Pero nosotros no tenemos » cataratas», el tiempo de no ver ya fue, fue el tiempo de las políticas neoliberales que tuvieron en penumbras a 7.000 compatriotas que hoy con una simple operación llamada «generosamente» milagro pueden ver y de frente agradecer la solidaridad del pueblo y los médicos cubanos. Falta mucho todavía para construir el Uruguay Productivo con Justicia Social, y por eso se hace necesario tener memoria, y destacar la importancia de las batallas que colectivamente hemos librado, porque todas ellas, aún las perdidas generaron las condiciones para este nuevo escenario. Finalmente, nuestro reconocimiento es al pueblo uruguayo, y a los miles que participaron de aquella gesta, a los referentes, a los compañeros que como tarea militante diseñaron la publicidad al costo, a las brigadas de firmas, de muros, a los compatriotas que vinieron de la Argentina, primero a juntar firmas y después a votar. ¡Valió la pena compatriotas!

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