Sucre

Sucre constituye el apellido del gran luchador, del insigne hombre de las estrategias como lo definió el Libertador Simón Bolívar, el que con sus grandes dotes de conductor militar lideró el ejército patriota, que el 9 de diciembre de 1824 logró la cumbre de la gloria americana con la derrota del imperio español, en la Batalla de Ayacucho. Su nombres, Antonio José, nacido en Cumaná, Estado Sucre, Venezuela, el 3 de febrero de 1795 y asesinado a traición, en la montaña Berruecos, en el sur de Colombia, el 4 de junio 1830, con apenas treinta y cinco años de edad.

De ese joven patriota e internacionalista diría Simón Bolívar lo siguiente: «El general Sucre es el padre de Ayacucho; es el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Cápac y contemplando las cadenas del Perú rotas por su espada». Sucre, así se llama una de las más importantes ciudades de Bolivia y de Venezuela. Sucre se llamaba la moneda de Ecuador que fue eliminada y sustituida por el dólar. Y en honor a este nombre, en la III Cumbre Extraordinaria de la Alternativa para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), realizada en Caracas, el miércoles 26 de noviembre, los mandatarios de Bolivia, Honduras, Nicaragua, Venezuela y Ecuador, el Primer Ministro de la mancomunidad de Dominica y un vicepresidente de Cuba, acordaron realzar el nombre de Sucre.

Los representantes del ALBA, diagnosticaron en primer lugar, la situación actual y coincidieron en su cuestionamiento a un sistema internacional que ha promovido la libre circulación de capitales y el dominio de la lógica de la especulación financiera por sobre la satisfacción de las necesidades de los pueblos; también manifestaron que la salida de la crisis no puede encontrarse en respuestas oligárquicas y erráticas que no tomen en cuenta a los pueblos, ni en la pretensión de refundar un sistema financiero internacional que necesita ser sustituido por otro donde impere la solidaridad, la estabilidad para el desarrollo en armonía con el planeta y la justicia social. En segundo lugar y como salida a esta crisis, reiteraron su firme convicción de que el espacio regional es el privilegiado para dar respuestas inmediatas y efectivas, y formularon propuestas concretas para constituir una zona económica y monetaria que proteja a nuestros países de la depredación del capital transnacional, fomente el desarrollo de nuestras economías y constituya un espacio liberado de las inoperantes instituciones financieras globales y del monopolio de dólar como moneda de intercambio y de reserva.

En ese sentido, manifestaron, de una parte, su total acuerdo en construir una zona monetaria que incluya inicialmente a los países miembros del ALBA y a la República del Ecuador, mediante el establecimiento del Sucre (Sistema Unitario de Compensación Regional) y de una Cámara de Compensación de pagos, y de otra, coincidieron en que esta zona monetaria se acompañará del establecimiento de un fondo de estabilización y de reservas con aportes de los países miembros, con el fin de financiar políticas expansivas de demanda para enfrentar a la crisis y sostener una política de inversiones para el desarrollo de actividades económicas complementarias.

En adelante, lo que corresponde es concretar, lo más pronto posible, estas medidas ­en conjunto– para enfrentar los efectos de la crisis económica en sus respectivos países.

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