Escrito por: Por Víctor Brindisi Maestro
“La seguridad es un derecho fundamental y una de las condiciones del ejercicio de las libertades individuales y colectivas. El Estado tiene el deber de garantizar la seguridad en el territorio de la República, para defender las instituciones y los intereses nacionales, el respeto a las leyes, el mantenimiento de la paz y el orden público, la protección de las personas y los bienes”. (Art 1º de la Ley Nº 95-73 del 21 de enero de 1995 de Francia.)
A raíz de las opiniones del senador Eleuterio Fernández Huidobro, en la Contratapa del diario LA REPUBLICA del 20 de noviembre, se ha activado una serie de opiniones sobre la conveniencia y/o necesidad, en estos nuevos tiempos, de mantenerse armado. Sin ánimo de polemizar con Fernández Huidobro, a quien no conocemos personalmente, pero que respetamos por su importante trayectoria personal y política, debemos “abrir fuego” hablando en términos adecuados a la circunstancia, contra sus opiniones y las de otros señores legisladores que abogaron en criterios coincidentes.
1- No es correcto afirmar que más armas va a dar mayor seguridad a las personas y a la sociedad. Por más que se revise la historia, desde que existen las armas, nunca se oyó decir que más armas producen mayor paz y seguridad. Si se reconoce que un número de ciudadanos tiene capacidad de portar armas y repeler agresiones, las víctimas que aumentarán serán quienes por su condición de debilidad no ofrezcan esa resistencia, niños, ancianos, discapacitados y quienes nos negamos a usarlas por fundamentos éticos. El Estado debe prever las medidas necesarias, y nadie individualmente tiene derecho a erigirse en juez y verdugo. Debemos comprender las actuales circunstancias en que se ejerce la delincuencia. La violencia estructural de estas sociedades, el abandono infantil, la pobreza extrema, la ignorancia. Nadie mejor ubicados para cambiar y mejorar la sociedad que los representantes del pueblo, elegidos democráticamente, para instrumentar los cambios necesarios. No debemos retraernos al Lejano Oeste, ni adherir a propuestas como las que puedan emanar de planteamientos que realicen partidarios de la guerra y simpatizantes del rifle.
2- Una buena propuesta es llamar a desarmarnos todos. De esa manera será más fácil el combate al comercio y la tenencia ilegal de armas, que vinculada a la delincuencia resulta causa de violencia y muerte entre la población, víctima de continuas agresiones. Es necesario que esas armas sean requisadas y destruidas. En 2001 las Naciones Unidas crearon el Programa de Acción para prevenir, combatir y erradicar el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras. En nuestro país se realizó la primera destrucción de armas en 1998, completando hasta el año pasado más de 20.000 armas pequeñas, cortas y largas destruidas. Hay que llamar con fuerza a entregar las armas ilegales. Lo que parece ingenuo es que quienes quieran desprenderse de esas armas ilegales, quizás utilizadas ya para cometer delitos, por quienes, por su sola condición de tenedores deban ir a golpear a la puerta de un cuartel o a la de una comisaría a entregarla. En otros países, Brasil uno de ellos, se instrumentaron soluciones más factibles, habilitando la entrega de armas ilegales en instituciones religiosas, sociales y dependencias civiles del Estado.
3- Debemos avanzar en propuestas positivas, ayudar a que la gente joven tenga niveles mínimos de vida decorosa. Miles de ellos son analfabetos, ya que perdieron por desuso las pocas habilidades adquiridas en la escuela. Decenas de miles de ellos no pueden acceder a puestos de trabajo por su baja preparación. Decenas de miles de ellos caen en el uso de la droga, la maldita pasta base, que consume sus principios. Debe invertirse mucho más en la tarea de rehabilitación. Muchos de esos delincuentes que roban y matan son menores, adolescentes y es posible, hay que intentarlo, posibilitar su inserción en la sociedad. Mejorar las condiciones de trabajo en la escuela, el liceo, la UTU, contribuyendo a prolongar y enriquecer la etapa de formación de los muchachos. Debe procurarse, con estímulos positivos, centros de estudios, posibilidades de trabajo, que permanezcan en el Interior, cerca de su familia, si es que la tienen. Debe lograrse que los medios masivos de comunicación dejen de inyectar violencia, odio, a través de sus imágenes y voces. No debemos caminar hacia soluciones más violentas. Las armas, más allá de su tamaño, potencia, y otras características, son invenciones creadas para amedrentar, amenazar, matar.
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