La credibilidad en la presentación de Punta Cala
En la mañana de hoy el equipo económico, asumiendo la representación de todo el gobierno, expondrá lo realizado, explicará un poco más la coyuntura, pero sobre todo intentará dejar establecidas las bases de lo que será la estrategia en el cierre de la primera administración nacional protagonizada por una fuerza política de izquierda. El presidente Vázquez le ha solicitado a todos sus ministros que estén presentes en Punta Cala en la comprensión de que esa exposición supone un desafío fuerte de credibilidad en un escenario que ya nada tiene que ver con aquel en el cual transcurrió la administración en estos cuatro años previos.
Esta aspiración de credibilidad es elemental frente a la perspectiva que se abre para un país pequeño, que se debate en sus fronteras políticas y comerciales, en un mundo en transformación.
Los encuentros de diciembre en ACDE suelen ser esperados con expectativa por la opinión pública y el mercado. Empero, el de hoy supone una convocatoria más amplia y sugerente. Entendemos que así ha sido entendido y en esa comprensión ha sido diseñada la comunicación de hoy. Aguardamos del gobierno claridad y firmeza en su balance pero, sobre todo, anhelamos un esfuerzo mayor aún en la precisión de las señales que emergerán de Punta Cala hacia la ciudadanía y, también, hacia un mundo ávido de expresiones de pericias y razonabilidad política.
Porque de eso se trata: de lograr el engarce creíble de una política de inclusión muy particular y la racionalidad que impone las normas de la correcta administración en épocas de crisis. Dicho de otra manera: desde su función de representación nacional, el gobierno, a través de su discurso económico, deberá convocar al país a un esfuerzo mayor para avanzar, con más libertad hacia un mayor bienestar social. Y lo debe hacer sin arengas ni expresiones de deseos o arrebatos de soberbia. Ese discurso debe convencer. Y, eventualmente, desde ese convencimiento logrado por su discurso económico, el gobierno estará en condiciones de solicitar esfuerzos mayores.
¿Cuáles son, desde este punto de vista, los puntos en los cuales reparará hoy la expectativa pública? ¿El develamiento preciso de las razones de la crisis y una predicción del final? No, la gente está de vuelta de augures y pitonisos de la economía y la política. ¿Serán las proyecciones de los «números mágicos» del programa anual? Tampoco. Hemos aprendido cómo funciona el juego global y a aceptar esas proyecciones tan sólo como expresiones de deseos relativamente coherentes de los gobiernos. ¿Estamos aguardando acaso un nuevo plan de blindaje o un decálogo de paliativos temporales a los sectores más desprotegidos? Es posible. Pero eso no decidirá lo esencial del desafío. Los uruguayos nos preciamos de nuestra condición solidaria, pero resistiremos cualquier intento simple y sin contrapartidas de cargar una nueva mochila de costos inciertos sobre las espaldas de los que no poseen corporaciones capaces de presionar a los gobiernos débiles a la hora de las pérdidas.
En tanto, lo que aguardamos del discurso económico de nuestro gobierno es una contribución, o el disparador de una convocatoria mayor a enfrentar mitos y saberes aprendidos desde consensos más amplios que los disponibles en la actualidad. En otro foro similar el ex ministro Astori explicó a principios de 2006 la voluntad reformista del gobierno, basada en la imposibilidad de subsistir sin reformas estructurales. En torno a esa convocatoria se construyó y financiaron reformas que en la mayoría de los casos fueron aprobadas en base a un régimen de mayorías absolutas. Ni el gobierno ni la oposición lograron utilizar ese pilar reformista de la política económica para imaginar acuerdos más amplios que el de esas mayorías legislativas necesariamente temporales.
Ya no tiene mucho tiempo este gobierno para adelantarse a un escenario de desmejoramiento y profundización de la crisis apelando tan sólo a instrumentos económicos. Pero es necesario que la economía proponga al gobierno y a la sociedad acciones capaces de movilizar al país en procura de enfrentar y utilizar la crisis.
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