Génesis y peligros del neoliberalismo
Por la década de los setenta, surgen en EEUU los economistas Milton Friedman, Paúl Samuelson y, en Europa Occidental, Ludwig Von Mises, Wilhem Roepke, como impulsadores del neoliberalismo. Antes de fines del siglo XIX como contrapartida del absolutismo, los liberales sostuvieron la libertad entre los Estados para negociar, etc. Quizás los teóricos más importantes se remontan en su génesis filosófica a John Locke (1632-1704), David Hume (1711-1776), Adam Smith (1723-1790), entre otros. Pero cambiados los contextos, esa libertad o neoliberalismo comenzó a cuestionarse. En el siglo pasado, con la caída del socialismo real, ayudó a la mayor apertura de ese liberalismo, hoy llamado también,»neoliberalismo».
Casualmente, muchos de sus objetivos se suman al llamado «Consenso de Washington» de la década de los noventa, cuando el FMI marca en la crisis del Tequila, en México, pautas que luego se aplican a nivel mundial. Para decirlo a grandes pinceladas, las dificultades que el neoliberalismo nos acarrea: como todo instrumento, tiene sus aspectos ambiguos, pero cuando es parte del contexto de presión del Norte y de sus organismos, imponen al mismo, como «ideología dominante», por lo menos debemos reflexionar.
En los últimos siglos en la humanidad, siempre, los conflictos se dieron entre imposiciones de imperios que por la fuerza intentaron tener mercados seguros para introducir sus productos. Así Rosas combatió a los Ingleses en el encause del Río Uruguay donde vinieron donde los navíos de guerra ingleses y los barcos mercantes atrás de ellos para abrir el mercado del Río de la Plata. De igual forma, Gandhi en la India enfrentó sin violencia las restricciones británicas que no los dejaban usufructuar sus propias industrias salinas e industrias textiles, etc. Es ésta la historia de los países que siempre están en vías de desarrollo (y nunca se desarrollan) es el permanente impedimento a que sus industrias y sus mercados internos no sean satisfechos por sí mismos. La ideología dominante siempre se las ingenia para trascender o influenciar o transgrede en su beneficio. ¿Qué hace el neoliberalismo en nuestras tierras? Directamente atenta contra el desarrollo industrial, haciéndolo desaparecer, desarrolla marcas globalizadas que las comercializa en nuestro mercado abierto al mundo, solo porque esa burbuja de aire tiene un «estatus, marca» dominante. Nos siguen dando un lugar económico en el desarrollo de las materias primas, como en la época colonial. Nos compran todo lo que es rentable a través de las inversiones financieras y nos prestan el dinero nuestro que gana en diferencias comerciales; cada vez debemos más, incluso con el FA. ¿Podemos acaso competir con el mercado mundial, cuando China e India sostienen sueldos de menos de U$S 50 mensuales por trabajador? ¿Será eso neoliberalismo? ¿Sabemos que el Norte invierte en acciones en los países de Oriente, siendo de hecho socio mayoritario de la producción de dichos países? De todas formas, el Norte sostiene a la vez cupos, subvenciones y restricciones a las importaciones, ¿por qué nosotros no?
Nos califican internacionalmente como país responsable según calificadoras de riesgo, «con criterios neoliberales», pero no con formas más responsables. Casualmente los países en desarrollo no tienen alta tecnología, no tienen parque industrial, exportan un 80% materia prima, su población no llega a la canasta básica familiar. Acaso esto no es parte de nuestro presente histórico del país. Aunque se ha roto algunos aspectos del neoliberalismo, como el Plan de Emergencia, el Banco Central quedó como ente nacional; lo esencial de nuestra economía continúa sin tocarse. Con un agravante, el próximo gobierno del Frente (si es elegido) ¿tendrá en cuenta el sector productivo industrial, el de ciencia-tecnología, ligado a una economía de mercado?
¿O seguiremos administrando la ideología dominante, sin generar riqueza genuina nuestra? Hoy que la burbuja financiera en el mundo muestra su peligrosidad, solo el Frente con un programa coherente a sus principios debería dar un plan de gobierno sistémico, es decir «en todas las áreas en conjunto», única forma de salir del subdesarrollo, alejándose en gran medida del neoliberalismo. De lo contrario seremos uno más de los colores, blanco y rojo. Quizás el dilema no pasa ni por Mujica ni por Astori y sí por un programa de creación de riqueza, alejado de las pautas internacionales tan ortodoxas.
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