La reelección

El presidente Vázquez, en diversas ocasiones negó la posibilidad de ser reelecto por un importante sector del Frente que insiste con la iniciativa. Claro, si yo enfáticamente prohíbo todo uso de mi nombre al respecto específico, es obvio que aborto toda inspiración futura sobre el tema.

Pero, después de meses de recoger firmas entre otras insistencias, avaladas incluso por los propios ministros de gobierno y por ende de su total confianza, deja las más que razonables dudas a la oposición y ciudadanía en general. Hay una tradición muy arraigada en las diversas constituciones nuestras, y es el respeto medular, también avalado por los mejores constitucionalistas del medio en todos los tiempos, sobre la inconveniencia reeleccionista en la primera magistratura.

La misma violaría la Magna Carta a texto expreso. (Art. 77). Pero además, grandes figuras históricas, ex presidentes, entre los que se puede citar a don Pepe Batlle, que de haberlo querido, malgré la época o ninguna simpatía que los blancos podamos tenerle, reconocemos que pudo hacerlo porque apoyo tenía por cierto, y no lo hizo. Y el propio Julio Herrera promotor de la idea del «continuismo», la disfrazaba con la alternancia de un período eligiendo (era la «trampa») el presidente saliente al «entrante», manteniendo las mismas conductas y continuidad de ideas. El mamarracho terminó abrupta y dramáticamente con el asesinato de Idiarte Borda a la salida del famoso Te Deum en la Catedral.

La que puede citarse como posibilidad similar a la que este sector frentista juntador de firmas quiere, fue la intentona plebiscitada por Pacheco antes del golpe militar de Bordaberry. Que tampoco culminó por falta de cocientes necesarios para la reforma de marras necesaria pero, en los hechos, por sectores tan dispares, se hermanaban ayer y hoy, los mismos argumentos e intereses.

O sea, no es ético que un presidente se aproveche de todas las ventajas, favores e inevitables abusos que otorgaría su magistratura actual, para seguir de «corrido» en el próximo período. No es objetiva ni subjetivamente democrático. Es más bien de refinados totalitarismos arbitrarios que terminaron históricamente en regímenes criminales. ¡A la historia me remito! Pero estas razones tan contundentes en materia antirreeleccionista tiene otras sumatorias argumentales. Supongo o espero que no sea el caso, pero el sólo sentar el principio de aprobarse firmas y plebiscito mediante, se crearía el peligro inminente, legalización mediante, del fin de gobiernos democráticos en la Nación Oriental. Estaríamos en camino abierto del «partido único» que en otras naciones del orbe se comenzó también disimuladamente y culminaron en feroces dictaduras «ideológicas» que sólo acabaron con revoluciones muy cruentas por cierto.

Tanto de izquierdas como de derechas, para los totalitarios de ambos «pelos», la suma del poder que dan las reelecciones repetidas, y esa es sin duda la intención, con la impunidad y absolutismo en las «soluciones» futuras de marras, es demasiado tentador. El interregno impuesto como mínimo, de un período, no fueron iniciativas arbitrarias, sino sabios principios impuestos por los constitucionalistas evitando esas miserias humanas tan arbitrarias como crueles, ya sufridas.

Nuestro Partido Nacional, gracias a Dios, nunca pecó, desde su fundador el Libertador Oribe supino legalista, hasta la fecha, de tener esas «inclinaciones». Las veces que nos tocó subir al Poder, también como Partido se bajó en tiempo y forma como lo quiso la ciudadanía en los períodos respectivos. Por supuesto, el oportunismo de la «claque» que acompañan al gobernante de turno o sea a los jefes reeleccionarios encontrarán «razones» justificantes de sus ambiciones. «Seguir la revolución comenzada», «imaginamos presuntos logros que se interrumpen» y demás etcéteras. Todo esconde las desmedidas ambiciones de poder que por siempre será una «chiquilina» sumamente apetecible.

El mantener las libertades del pueblo, el orden y seguridad establecidas, las democracias representativas y el bienestar público en general serán pura «cháchara» retardataria a esos totalitarismos. ¡Cuidado! ¡No juguemos con fuego para terminar incinerándonos al perder los logros libertarios después de la triste experiencia sufrida. ¡No se cuente jamás con los blancos bien nacidos para esos fines y experiencias de claro perfil totalitario!

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