Cotugno y el aborto
Con motivo de la despenalización y consiguiente legalización del crimen del aborto, monseñor Cotugno, arzobispo de Montevideo advirtió, no amenazó, que los legisladores que aprobasen ese alevoso asesinato son pasibles de la excomunión de la Iglesia Católica. Levantó por supuesto indignadas réplicas de «castos» y nada cristianos diputados y adláteres. Vamos por partes.
La excomunión no parte de una iniciativa aislada y arbitraria del Arzobispo. La defensa de la vida es una implicación directa y fundamental en la calidad de católico y cristiano. Desconozco que hubiese existido algún santo con escalpelo o cucharita en ristre vaciando úteros femeninos y destrozando fetitos, para meterlos en cajas de zapatos a ser devorados por las ratas. O sea, Cotugno no presiona a nadie. Sólo advierte que de hecho, quien lo hace es excomulgado. Aclaremos sin ser por cierto teólogos, el alcance y consecuencias espirituales de la excomunión. Es el retiro por parte de la Iglesia de los sacramentos, al sancionado, no podrá comulgar, confesarse ni recibir extremaunción entre otros servicios religiosos, y prohibición de concurrir a los templos católicos. Claro, siempre existe el perdón en caso de legítimo y correspondiente arrepentimiento cumpliendo con las cargas que la Iglesia en tal caso imponga. Y nada más. O sea, no se recurre a paredones espirituales, ni castigos con silicios, potros y demás artículos de torturas que aún hoy día se usan en cárceles de regímenes totalitarios defendidos por muchos escandalizados legisladores que denostan a Cotugno.
En buen romance, si se es partidario de las matanzas de criaturas o sea del aborto, automáticamente se deja de pertenecer a la Iglesia y no deberá importarles ni la comunión, bautismos, confesiones ni extremaunciones cuando les «toque» y quieran llamar al sacerdote «por si acaso». Como no creen, ¡tanto les tiene que dar! ¿Para qué entonces, escandalizarse?. Pero además, este indignado «escozor» que les entró a los legisladores por la presunta «presión» ejercita por el arzobispo, no se las he constatado por cierto cuando el Sr. Castillo y su poderoso PIT-CNT presiona, ¡y vaya si presiona! en los distintos temas sindicales y gremiales o sobre cualquier otro que se le ocurre, aún cuando no sea de su específica incumbencia.
Y por cierto que incide y decide en los hechos mucho más que la sarta de «infelices» legisladores, que se creen importantes por serlos. Recuérdense los casi a diario campamentos en torno al Palacio de las Leyes (Agraciada y Marcelino Sosa preferentemente… ex Solar) ¿Eso no es presión acaso? Máxime cuando megáfonos mediante, «putean» al gobierno y sus legisladores tan sensibles a la excomunión? Supongo que las gremiales agropecuarias incluyendo asociación rural, los jubilados y toda la gama interminable de asociaciones, desde las domésticas hasta los aviadores de Pluna por decir algunos, no hacen lo mismo? Todos protestan y a la mayoría absoluta amenazan con sanciones.
Y que yo sepa, los legisladores no sufren mayores «molestias». O sea el Sr. arzobispo cumple con su función espiritual y administrativa como cabeza de la Iglesia de la cual es la máxima autoridad. ¡Bueno fuera que los obispos salieran defendiendo la muerte! ¡Bueno fuera que en lugar de blandir la santa cruz que representa la salvación y vida eterna del alma, levantaran como símbolo un escalpelo ensangrentado y el inerme cadáver de un fetito humano! ¡Imbéciles asesinos! Están preocupados en el fondo, no por la vida de las criaturas, sino por los votos que puedan obtener o perder en la opinión pública defendiendo el aborto.
Les guste o no, es un crimen inmundo y alevoso contra seres inermes que ni llorar pueden.
Y se dicen humanistas condenando a la muerte a lo más grande y hermoso que un ser humano puede crear: ¡un hijo! Antes de levantar la mano, vean un cadáver de un feto recién criminalizado, lleno de sangre y sus restitos despedazados! ¡Mal nacidos los que voten! ¡No se preocupen por Cotugno, que por supuesto tiene razón, preocúpense por Uds.! ¡Carniceros de criaturas, atrincherados muchos en logias esotéricas, queriendo justificar sus repulsivas conciencias! Piensen por un instante, no creo que sean capaces, en ese ser que no puede ver la luz a la que tiene derecho igual que cualquiera, que no podrá reír o llorar, o jugar con sus hermanos o abrazar a una madre o padre que prefirieron abandonarlo sacrificado para apetito de roedores en un baldío cualquiera! ¡Y muchos de esos padres descastados y legisladores avalantes usan como «adorno» una cadenita con el signo sagrado de la cruz! No se queje ni proteste Sr. legislador, sea del «pelo» que sea, si la «sombra» de los brazos de esa cruz, no lo alcanzan jamás! ¡Pero téngalo por seguro, que sí cubrirán piadosamente al feto o embrión que Uds. quieren legitimar con el mandato de su muerte¡ ¡Viva la vida!
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