EDITORIAL

La construcción de un país posible

El país va lenta pero inexorablemente adentrándose en la crisis mundial. En realidad, lo meten. A diferencia de la crisis que vivimos en 2001-2002, ésta es importada, aquélla no lo fue. Existen dos motivos excluyentes: porque se iniciaron en Argentina con los que somos casi una unidad, con pleno conocimiento de nuestras autoridades (en ambos casos sabían de la aftosa y de la crisis bancaria), y porque nuestro país no hizo nada por evitarlas. La actual, tiene un ingrediente determinante: es mundial, no podemos autoexcluirnos. Sin embargo, como la actual administración hizo las cosas bien, nos encuentra en un momento financiero mucho mejor y, por sobre todas las cosas, desarrollando políticas anticíclicas que no son naturalmente las que propone el FMI (todavía sigue imperturbable proponiendo «soluciones» a todo el mundo), ni los partidos de la derecha ni los dirigentes de las cámaras empresariales, sino a través del desarrollo industrial. Comencemos por la realidad: Uruguay recibirá un préstamo de 34 US$ millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para promoción de innovación tecnológica. El programa promoverá proyectos en el sector empresarial, para proveer servicios de ciencia y tecnología, así como otros proyectos de interés público. Los sectores más importantes son el comercio, transporte, comunicaciones, manufacturero, informática y los servicios de información tecnológica, la biotecnología y los servicios de ingeniería de negocios. Veamos otra información: un llamado a través del Ministerio de Industria para el sector biotecnología y electrónica con el fin de internacionalización de la especialización productiva a través de proyectos asociativos de innovación tecnológica. Abundamos, UTE estudia un nuevo llamado para energías renovables y está estudiando sus características de manera que la mayor parte de la tecnología que haya que disponer sea nacional. Otra, instalará un nuevo parque generador térmico por medio de dos empresas nacionales. Podríamos seguir abundando en información de este tenor. Esto significa que una de las prioridades del gobierno consiste en fortalecer la posición internacional de Uruguay para competir y alcanzar una mayor integración con la economía mundial, diversificando sus mercados, pero, desarrollando sus fuerzas. Cuando el ministro del área, Daniel Martínez anunció la estrategia industrial, al tiempo de decretar la defunción del mercado como orientador de la política económica del país, fundamentó que el Estado debe desarrollar políticas activas para apoyar un proceso industrializador que necesita un importante desarrollo y adquisición de base tecnológica. El gobierno entiende que es el momento de desarrollar la industria y los servicios nacionales de manera de ir cortando el cordón umbilical con centros de poder que hasta ahora, con la aquiescencia de los gobiernos criollos de turno y los organismos internacionales, hemos mantenido coartando el desarrollo de nuestras potencialidades. Para ello se ha ido construyendo un país creíble, transparente, respetuoso de la inversión extranjera productiva, intentando modernizar su legislación y el funcionamiento del Estado. Se ha buscado un aumento de la Inversión Extranjera Directa, (que se selecciona por el alto valor agregado que incorpore y su capacidad tecnológica de difícil desarrollo en el país, así como que esté dispuesta a desarrollar relaciones laborales modernas y promueva a las Pymes uruguayas) un objetivo que se ha logrado aunque aún no alcanza para nuestras metas de desarrollo, hay una muy importante inversión en infraestructura, base fundamental de cualquier desarrollo productivo y se ha iniciado un novedoso y certero apuntalamiento de las micro, pequeñas y medianas empresas, así como se han fortalecido las empresas del Estado. El ministro Martínez ha remarcado que el gobierno está dispuesto a apoyar a sectores industriales con dificultades transitorias, a la recuperación de empresas que puedan llegar a ser competitivas y a la reconversión de empresas, «siempre que este apoyo sea temporal y sujeto a evaluaciones» y a aquellas que de manera especial se vean debilitadas por la crisis mundial. Por primera vez el país define las industrias estratégicas a las que se debe incorporar mayor valor agregado (carne, arroz, leche, madera, pesca, cítricos), aquellas que siendo intensivas en mano de obra capacitadas hay que incentivar su desarrollo (software, procesos automotrices, medicamentos, textiles, energía, construcción y naval), y las industrias que el país debería aspirar a que se instalaran (químicas ­fertilizantes y resinas­, plástico, equipos agrícolas, energía renovable, aeronáutica, biotecnología, tecnologías de la información). Todo esto habla de la existencia de una política industrial y de un país posible.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje