Peligros electorales en el posmodernismo

En la sociedad que vivimos, las opciones electorales rodean características de las cuales mayormente no somos conscientes.

Una de las tendencias importantísimas para elegir el candidato político es la imagen y el perfil del mismo; hablo de su imagen y su trasferencia a sus receptores.

En la era del posmodernismo, la elección trasciende por su elocuencia (del candidato), perfil, retórica, imagen; lo que Gilles Lipovetsky en su libro «La era del vacío» llama «seducción». Frente a lo inteligible del discurso, por informes técnicos dudosos, por engaños o dobles discursos anteriores o sostenidos en el transcurso político del país por otros discursantes, el receptor opta por el camino de elegir a quién más lo seduce.

En nuestra sociedad, la seducción como forma de posesionar al o a los otros con su mensaje, es parte de la vida corriente, la seducción también rodea desde la familia, lo religioso, las publicidades, los relatos o programas deportivos, informativos, las relaciones interpersonales y desde luego la política.

Por otra parte Soros (economista) en un pensamiento de filosofía política decía: El político elabora un discurso para que su elector quede satisfecho, pero su elector ya sabe que los políticos desarrollan expresiones retóricas para satisfacer a sus elegidos. Esos discursos carecen de credibilidad ­dice Soros­, pero el receptor queda fascinado con la seducción que resulta de la retórica del mismo.

Esto nos lleva a saber que los candidatos son elegidos tanto en la interna como por el electorado con la ley de la seducción.

Pero junto a ello operan otros elementos societarios, como es el sentimiento o identidad de pertenencia a un partido o sector.

Los hombres necesitamos sentirnos que somos parte de algo singular en nuestra sociedad, de ahí que nuestra opción de elección a un partido político, juega ( a veces) en forma similar a la elección de un cuadro de fútbol.

Pero el problema aunque nos moleste continúa: Nos preguntamos ¿Y la razón, la ideología, la postura clasista, no rodea acaso, en última instancia, cada decisión individual o colectiva? Y continúo diciendo que la tradición y la historia reciente integran otro aspecto de la definición.

Claro que me gustaría responder, que el elegido por cada uno de nosotros será como consecuencia de lo que piensa el candidato, promete que hará, su programa y su visión estratégica del país. Pero continúo con un obstáculo más, el poder tiene forma de hereje y va dicha herejía desde los conservadores y porqué no admitirlo, pasa por la propia izquierda. En esta situación me pregunto ¿Estará muy desviado el análisis realizado? -Me respondo- todos ya sabemos que la campaña electoral comenzó; acaso alguien habló de programas políticos a desarrollar y lo presentó. No, sin embargo las encuestan dan una definición política del casi 85% de la población; ¡ya hemos tomado postura electoral sin saber bases programáticas!

Podríamos decir que eso es sólo de los partidos tradicionales, pero a esta altura la propia izquierda ya eligió dos candidatos posibles ( en conflicto) y no hay nada claro sobre el programa de gobierno futuro (será de izquierda o de cento)

Sin embargo, hay otro elemento que juega con mayor o menor valor en la sociedad, dependiendo del momento específico, son las realidades materiales, es decir los avances económicos que sufre la población para bien o mal, de su nivel de vida. Éste es el camino cuantitativo que ayuda a sobreponerse, a muchas de las circunstancias expresadas anteriormente.

Zygmunt Bauman Sociólogo polaco, no le llamaría la atención respecto a estos conceptos, dado que él desarrolló la idea que vivimos una «sociedad líquida» , es decir en lugar de estar basada en formas y conceptos sólido, todo se nos presenta en forma no sólida, sino en forma «líquida», vacía, superficial, cambiante.

Sin duda esto es un llamado a la reflexión. Sostener ideales sólidos y no líquidos. Lo sólido lo continenta un programa de gobierno, como por ejemplo: no aceptar una forma de economía neo-liberal, la estructura societaria no debe polarizarse sumando más población al eslabón siguiente a la pobreza, el proyecto productivo del país ( industrial) es irrenunciable, al igual que una política de «Estado» en el desarrollo tecno-científico, que sin duda debe estar dirigido y segmentado hacia una singularidad y no a una generalidad que no hace más que volvernos «líquidos».

Sin duda los frenteamplistas debemos esforzarnos por un programa de gobierno, para aplicarlo y los personeros del mismo sean consecuencia del mismo, sin anteponerlos a la elección del programa. El objetivo compatriotas no puede ser ganar las elecciones, debe ser «transformar nuestra sociedad» sin extremos, pero a la vez alejándonos de una economía de mercado basada en el libre albedrío del neoliberalismo. Para cambiar la sociedad «ganar» y no ganar como objetivo.

El 50% de nuestra niñez vive todavía en la pobreza, el 60 % de las familias no llegan a la canasta básica, hay mucho para hacer y pocos planes o proyectos efectivos propuestos.

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