Colombia

Leopoldo Amondarain

Las culturas y costumbres de los pueblos suelen no solo ser distintas sino que sus usos hasta pueden ser opuestos. Lo que a muchos, la consumición de determinados productos son poco menos que rituales diarios indispensables para la vida cotidiana, para otros se les enfrenta con el rechazo más radical. El para nosotros inocente e indispensable mate diario en horas «pico», en Europa es mirado con asombro y en muchos casos, el anecdotario es profuso, visto con alarma. Es el caso en que a muchos rioplatenses en las aduanas se han visto «demorados», incluso detenidos por las autoridades de esos países cuando se le constata los paquetes de yerba mate con las imágenes gauchescas, en sus maletas. Solucionados esos inconvenientes, no olvidar que la yerba mate tiene su cuota de barbitúrico, la mateína, se termina el acoso. En Colombia, tanto la «coca» como la famosa «maruja» son un fenómeno social como la yerba mate para nosotros. El colombiano nace y se cría conociendo esas «plantitas» y grandes estratos sociales «mascando» la «yerbita». O sea, es un uso y costumbre ancestral de ese pueblo y su gente. Si a eso se le suma que la producción masiva es la principal fuente de ingresos no oficial pero sí oficiosa del país y su elaboración desde el plantío hasta su venta es fuente de trabajo segura para una población empobrecida y explotada durante toda su vida por la oligarquía vernácula al servicio de los imperios de turno que les tocaron en suerte, hace que los famosos carteles y sus jefes tengan el prestigio y por qué no, hasta el «cariño» de esa población mantenida y ayudada por ellos. Si hurgamos un poco no más en la vida diaria de esa nación hermana, veremos con asombro que esos jefes de carteles financian hasta escuelas, hospitales, orfanatos, etc. Por supuesto, esto no es en defensa de los carteles ni de su gente como los Escobar a título de ejemplo, pero sí una explicación de cómo funciona una sociedad por décadas explotada y exprimida a nivel de pobreza y de miseria. Máxime en un país enormemente rico como es Colombia, con producciones que debieran ser tan remunerantes como el café o el petróleo que también lo tienen.

Estos males, los colombianos los vienen sufriendo desde el tiempo en que los EEUU pusieron sus ojos sobre ellos y decidieron dividir el país quitándole un importante territorio con la construcción del Canal, creando un estado artificial como Panamá, istmo mediante, que es obvio era y debió seguir siendo colombiano. Que a Teodoro Roosevelt le importara un rábano pasarlos por arriba y dar a luz ese aborto porque a los yankis económica y militarmente era obvio que les servía estratégicamente, fue la misma cosa. Ayudado por una oligarquía vernácula corrupta, hizo que de allí en más Colombia no levantara cabeza hasta el advenimiento de los carteles que es un fenómeno social típico de ese país. O sea, el problema de la droga es un problema que debe ser resuelto por los colombianos y por nadie más en su tierra.

No puede ser que otra vez, ahora con esta excusa distinta a la del Canal, los yankis vuelvan a intervenir en Colombia. Máxime, que como primera potencia mundial militar, económica y social, le sobran medios a los yankis, como bien dijo el presidente venezolano Chávez, para evitar que la droga «entre» en sus fronteras. Teniendo en cuenta que es el principal consumidor de droga en el mundo, no obstante ser su democracia y nivel social ejemplo para mucha prensa de «mayor tiraje» que sueñan con imitarlos, incluyendo supongo la «fumata de porros», antes que intervenir militarmente en un país soberano directa o indirectamente como se supone que es Colombia, antes que vietnamizar América del Sur armando ejércitos altamente sofisticados (mil trescientos millones de dólares votados por la USA para crear un ejército que todos sabemos será dirigido, organizado y puesto al servicio de ellos) debería cerrar sus fronteras a cal y canto a la droga evitando un nuevo baño de sangre en el continente, en el cual ya hay sobrados antecedentes históricos creados por sus múltiples intervenciones.

Es muy cierto que existen guerrillas que como producto de las explotaciones antes sufridas hace cuarenta años que perduran y que por añadidura tienen el dominio de una muy amplia zona del territorio colombiano como es las FARC. Guerrilla que no surgió, ni se desarrolló financiada durante tanto tiempo por la droga. Los carteles vinieron después. Esa guerrilla se incrementó con la corrupción política y explotación del pueblo colombiano que al igual que otra franja social vio en los carteles su protección, esta a este otro nivel vio el suyo en la revolución armada, Tiro Fijo mediante. ¿Quién ha sido el culpable de toda esta realidad que se arrastra de tanto tiempo en Colombia? No más que la explotación del hombre por el hombre de los imperios políticos económicos con la apoyatura y venalidad de las oligarquías vernáculas que se aprovechan para enriquecerse a costa de sus propias patrias y de sus propios pueblos.

Hoy se vuelve a tener la amenaza de una guerra intervencionista en el continente.

No solo es una amenaza criminal para Colombia sino una realidad peligrosísima para el resto de nuestras patrias hermanas. ¿Cómo se controlarán ejércitos poderosos altamente tecnificados y sofisticados como se quieren crear y financiar por los yankis en la futura Colombia sometida?

Después de arrasar con la problemática de la Colombia actual, como es lógico suponer dado las diferencias de fuerza, ¿no podrán ser usados para otros «menesteres» contra las demás patrias indoamericanas creándose un estado «gendarme» represivo contra cualquier evento que surja, los sin tierra o Chiapas por ejemplo?

El poder de los yankis es incontrolable. Estamos dispuestos, si seguimos pasivos permitiendo cipayamente estos excesos, terminar siendo estrellas sumadas en la futura bandera imperial. Como nacionalista, la perspectiva, me resulta humillante y miserable.

* Convencional del Partido Nacional

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