A propósito de Diego Maradona
Diego Armando Maradona será el nuevo técnico de la Selección argentina de fútbol. La noticia, cuando apenas se conoció, provocó la interrupción de la cotidianeidad de ese inmenso país. Programas televisivos con muchísima popularidad, dieron paso a los móviles apostados en distintos puntos. Parecía que el mundo estaba cambiando a pasos de gigante, porque así lo sentía la gente. Y los medios de comunicación.
No hay dudas: Argentina está montada sobre determinados pilares, donde el fútbol y la pasión por él, se pueden transformar en un instante en una causa nacional.
En ese marco Maradona es el líder, el Dios laico, la fe incontenible, el jefe de las barras, los humildes llamados a tocar el cielo. Todo a causa de un juego con una pelota que da dinero, que conmueve multitudes, que hace de catalizador de las inquietudes colectivas.
Es parte de una extraña mezcla de un mundo irracional o ajeno a nuestra racionalidad, donde los grandes medios de comunicación saben transformar al fútbol en negocios suculentos, pero también en efímeras esperanzas en sociedades que han vivido largos años entre tragedias políticas, crisis económicas y financieras, cuando tienen todo para ser felices.
Una vez, hace ya unos años, un destacado técnico italiano dijo que «el fútbol es lo más importante, entre las cosas menos importantes de la vida». Los argentinos esos hermanos tan nuestros y tan iguales y tan diferentes, con estos gestos, son capaces de alterar el orden de los factores, que por cierto altera el producto.
En segundo lugar en el equipo técnico quedó como asesor o coordinador de selecciones el doctor Carlos Salvador Bilardo, quien sacó a Argentina campeona mundial en México, en el mejor campeonato de Diego Armando Maradona.
Toda Argentina sabe que Bilardo es el que sabe porque ya lo demostró, pero también toda Argentina reconoce que las multitudes rugen con ese jugador de una zurda mágica.
Pero lo que nadie sabe es si el nuevo líder tendrá la suficiente capacidad y tranquilidad psíquica para sacar campeón a un país a cuya gente le corre por las venas sangre de fútbol, pero también necesidad de éxitos.
Estamos ante un fenómeno social y cultural propio del mundo moderno, que es carente de ideas y de propuestas que conmuevan positivamente a las multitudes. Un fenómeno que no sólo se manifiesta en lo futbolístico, sino en distintos órdenes de la vida, ya sean culturales o políticos.
Lo que ha pasado con Maradona en Argentina vale la pena analizarlo con profundidad, seguramente para cambiarlo, pero no se le puede rechazar con viejos esquemas e interpretaciones de otras épocas. Y Uruguay no es ajeno a estos nuevos comportamientos de los hombres.
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