Historia de dos veranos
Jorge R. Bruni
1.- EL VERANO DEL 95
Convocadas por el gobierno del Dr. Julio M. Sanguinetti, en el primer cuatrimestre de 1995 se reunían en el Victoria Plaza Hotel todas la fuerzas políticas del país. ¿Motivos? Analizar una eventual reforma del sistema jubilatorio uruguayo.
Seis meses después, setiembre/95, el Parlamento sancionaba la Ley 16.713, conocida popularmente como de las AFAPs.
Denominación que nos apresuramos a expresar que no compartimos totalmente, ya que si horrorosas son las AFAPs, existen en la ley aspectos igualmente o más rechazables aún, que la existencia de dichas sociedades anónimas.
Vaya como ejemplo la brutal rebaja de las prestaciones de pasividad, las dificultades para acceder a las mismas, la promoción de la flexibilidad y/o desregulación de las normas laborales, etc.
En dichas reuniones nos tocó representar a una de las fuerzas políticas.
Un tema que fue centro de intensa polémica fue el planteo que se hizo por parte del Frente Amplio, en el sentido de que era imprescindible para ser director del BPS, tener los conocimientos, experiencia e idoneidad para desempeñar el cargo. Todo ello avalado por antecedentes que demostraran tales aptitudes.
2.- EL VERANO DE 2001.
¿A qué viene esto? La elección o designación de los directores sociales en el BPS ha originado que pase a segundo plano otros de los aspectos sustanciales que el proyecto aprobado por el Senado días atrás recoge: la posibilidad de que dichos directores puedan ser reelectos.
Nos interesa destacarlo con mucha fuerza. Por dos motivos fundamentalmente.
El primero de ellos es coyuntural. Noticias, titulares de prensa que ponen el acento donde no corresponde (aquello que muchas veces hemos escrito acerca del tero que grita en un lado y pone el huevo en otro), han llevado a la confusión. ¿De qué se trata?
En algunos casos en forma interesada y con motivos inconfesados, en otros por simple equivocación, lo cierto es que se hace aparecer ante la opinión pública que lo que se negocia es la reelección del director Ernesto Murro.
Nada más alejado de la realidad. Lo dijimos, lo volvemos a decir, y si es necesario lo repetiremos: se trata de la reelección de todos los directores sociales. Entiéndase bien: DE TODOS.
Lo habíamos escrito 15 días atrás: fue el propio Murro quien propuso que el titular del cargo fuera otra persona, en el caso, Ariel Ferrari.
El segundo motivo es de fondo. Y está relacionado con las reuniones del Victoria Plaza.
La experiencia, idoneidad, conocimientos, son características que no surgen por arte de magia, no se sacan de la galera ni se adquieren de un día para otro.
Nos tocó defender fuertemente en el verano del 95 la propuesta a la que hacíamos referencia. Era un planteo que recogía el clamor popular: la seguridad social que afecta a todos los uruguayos, debía ser dirigida y administrada por gente que estuviera en la cosa, como popularmente se dice.
¡Claro! En aquellos años la teoría de la Seguridad Social nos ilustraba en el sentido de que para manejar el tema se requería aptitud, comprensión.
Y la historia de decenas de años de manejo politiquero (que es la deformación de la política) de la Seguridad Social, nos enervaba y nos llevaba a sostener con fervor aquella propuesta discutida en el Victoria Plaza Hotel.
Pasó el tiempo. Ocho años de gestión de los directores representantes de trabajadores y jubilados, que es la que nos toca muy de cerca, nos proporcionan el tercer argumento para seguir defendiendo ardorosamente las condiciones imprescindibles que deben tener los directores del BPS para ejercer el cargo: experiencia, idoneidad, conocimiento.
Y más allá de las diferencias sustanciales que nos puedan separar, supongo que lo mismo pensarán quienes representan al sector empresarial. Pero no nos corresponde, por respeto y seriedad hacia dicho sector y hacia nosotros mismos, inmiscuirnos en tal aspecto.
3.- UNA BUENA ADMINISTRACION DEL ESTADO.
No es tema que tenga que ver sólo con el BPS. Hemos sostenido con vehemencia, la necesidad de que quienes estén al frente de la administración pública, sea la central o la descentralizada, posean los atributos mencionados. Por los motivos expuestos.
Pero por otra parte, ello resulta imprescindible para prevenir hacia el futuro, lo que lamentablemente nos ha tocado vivir en los últimos años: la privatización indiscriminada, sin sentido, de las empresa públicas y aún de parte de la administración central.
Mientras quienes ocupen los cargos públicos sean designados como premio a los votos que aporten, o para recompensarlos por servicios prestados, seguirán los discursos, y lamentablemente las prácticas, de poner al estado como chivo expiatorio de todos los males, para así justificar la privatización.
Rescatemos una vez más a ese gran hombre, patrimonio de todos los uruguayos que es Mario Benedetti que allá por 1993 nos decía: «Si el fundamentalismo privatizador sigue invadiendo finanzas y fronteras, no es descartable que el Estado, a breve plazo, vea reducida sus funciones a las de subinspector de tráfico o covachuelista de segunda. Pocos parecen advertir que quedarnos paulatinamente sin Estado, equivale a quedarnos también sin democracia».
Cuando vienen los plebiscitos cuestionadores, aparecen las quejas dirigidas a los llamados irresponables que los promueven. Nos preguntamos, ¿que fue primero, el huevo o la gallina?
No creemos que sea un tema menor la posibilidad de reelección de todos los directores sociales. Hay que rescatar la idoneidad y experiencia. La vida nos lo demuestra.
* Integrante del Equipo de Representación de los Trabajadores en el BPS.
Compartí tu opinión con toda la comunidad