De cuando los huracanes purifican

Los periodistas uruguayos se amontonaron para preguntarle al ministro de Economía, Alvaro García, si las AFAP en Uruguay correrían la misma suerte que las previsoras argentinas, enviadas al destierro. No resulta muy comprensible qué esperaban como respuesta los representantes de la prensa que no fuera un no rotundo del secretario de Estado. ¿Acaso García iba a crear un colapso con una respuesta en contrario? Ningún jerarca responsable de un gobierno serio haría eso, pese a que ya puso su lupa de varias dimensiones sobre las AFAP.

Porque el ministro sabe de sobra las descomunales pérdidas que están acumulando las previsoras privadas en nuestro país en directo perjuicio de miles de ahorristas.

Pero sabe, además, que ya son muchos los ahorristas que están consultando a abogados y éstos a contadores para determinar el daño que están sufriendo y sufrirán, para lo cual preparan recursos de amparo, pedidos de órdenes de no innovar, de detener la sangría.

Por su lado, el Banco Central está realizando, aunque lo nieguen mil veces, un urgente y pormenorizado análisis de las cuentas privadas, de las inversiones de las AFAP, de los intereses que están cobrando y hasta cuándo estas empresas podrán seguir operando en caída libre o, para decirlo más suavemente, como les gusta a los banqueros creadores del monstruo de varias cabezas, con «rentabilidad negativa».

En Chile está sucediendo exactamente lo mismo, a pesar de los desmentidos de los gobernantes.

En tanto, las oficinas de las diez administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP) privadas de Argentina fueron allanadas en la tarde del miércoles por orden del juez federal Claudio Bonadio, tras un pedido del fiscal Miguel Angel Osorio.

La medida apunta a determinar si esas entidades cometieron algunas maniobras fraudulentas con los fondos de los aportantes, previo al anuncio del Gobierno sobre la eliminación del sistema jubilatorio privado.

El martes, el mismo magistrado había dispuesto que las AFJP no realizaran operaciones durante una semana. Fuentes del caso dijeron que personal de Defraudaciones y Estafas de la Policía Federal secuestró abundante material, como documentación sobre las composiciones societarias de las entidades, las últimas operaciones que realizaron y soportes informáticos, que serán analizados por los investigadores.

La presentación inicial alertaba sobre la posibilidad de que las AFJP se hubieran desprendido de activos en las últimas jornadas, apenas surgieron las versiones sobre la posible estatización del sistema jubilatorio planeada por el gobierno nacional.

Osorio comenzará a analizar la documentación secuestrada en las próximas horas y «si se verifican actividades irregulares o dañosas habrá que evaluar el nombramiento de un veedor o interventor en la entidad que haya cometido anomalías, de acuerdo a la gravedad de las mismas». Se sospecha que las empresas «compraron o vendieron papeles compatibles con intereses particulares de los socios», en contradicción con los intereses de los aportantes o perjuicios para esos afiliados.

Entre la documentación requerida figura «la documentación con las operatorias de compra y venta y con la intervención que tiene que haber de parte de los órganos» de las entidades, como «los comités de inversiones», explicaron los voceros.

Simultáneamente, los operadores financieros ­de alguna manera hay que llamarlos­ hicieron caer el Merval en la Bolsa de Valores a niveles históricos, para ponerse a tono con todo el mundo y achacarle las culpas al gobierno argentino por reestatizar las jubilaciones. Por si fuera poco se elevó el «riesgo país» a dos mil puntos, es decir que si alguien les presta plata deben pagar un alucinante 20 por ciento de interés.

La gente tiene que entender de una vez por todas que las bolsas, las empresas privadas de jubilaciones, las calificadores de riesgo, están dirigidas por los mismos hombres de alma negra y vestidos igual que crearon el sistema neoliberal, segunda masacre en masa, después de las dictaduras. Todos son la misma mierda.

Para colmo los periodistas van y les preguntan a Alfie y De Brum qué opinan de la decisión argentina. Por qué no ahorran camino y consultan con George Soros, el más grande y exitoso especulador del planeta.

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