La gente no quiere más peleas
En política, más cuando se procuran grandes transformaciones de nuestras sociedades, es recomendable mirar por la ventana y poner el oído en el piso para sentir las vibraciones de los porfiados hechos.
El pasado domingo, a la izquierda chilena y brasileña no le fue nada bien en los comicios municipales que se produjeron en los dos países hermanos.
En la tierra de Salvador Allende, la Concertación, el entendimiento entre socialistas y demócratas cristianos, mantuvo su supremacía en concejales, pero se inclinó por primera vez ante la Alianza (derecha) en alcaldes.
Michelle Bachelet, la presidenta de Chile y líder de la Concertación, fue tajante al conocerse los resultados: «La gente no quiere más peleas, la gente quiere ver a los líderes trabajando».
«La ciudadanía expresó una opinión más profunda que su voto; de alguna manera dio a entender que quería más unidad, alertó a quienes buscan en la política sólo decisiones populares y también premió a los que trabajan a diario por la gente», sostuvo.
Otros dirigentes de la Concertación tuvieron similar talante:
«La mayor parte de los alcaldes los hemos perdido por nuestros propios problemas, más que por el éxito de la derecha», declaró el presidente del PPD, Pepe Auth.
Por su parte Camilo Escalona, del PS, también comentó que «La falta de unidad nos afectó en las alcaldías, tuvimos muchos liderazgos que se vieron severamente dañados por la falta de unidad, por eso no tuvimos el resultado en alcaldes como lo tuvimos en concejales y concejalas».
Esta visión autocrítica surgió a pesar de que la derecha continúa siendo minoría clara en el país. Aun más, disminuyó su votación. En concejales, la Alianza ha obtenido sólo un 36,05% de los votos, bajando más de un punto y medio del 37,68% que obtuvo sobre el mismo terreno en 2004. La Concertación, que en esta ocasión fue en dos listas que sumaron 45,2%, bajó a su vez el 47,89% obtenido en 2004.
En el caso de Brasil la situación no fue muy distinta a la de Chile, a pesar de la alta popularidad del presidente Lula. Fue así que el Partido de los Trabajadores, al cual pertenece el presidente brasileño, perdió el control de ciudades claves del país. Sólo 8 candidatos, de 30 afines al primer mandatario, pudieron alcanzar su objetivo.
Pero lo más preocupante para la izquierda es que se perdieron ciudades tan importantes como Porto Alegre, Salvador y São Paulo. De éstas, la que más duele al círculo cercano del mandatario es la última, porque se postulaba Marta Suplicy, ex ministra y amiga de Lula, quien se perfilaba como la sucesora del presidente en el gobierno.
Es de esperar que la dirigencia del Frente Amplio saque, con humildad, experiencia de lo ocurrido en Chile y Brasil, particularmente sobre el alerta de Bachelet: «La gente no quiere más peleas».
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