Los juegos de los uruguayos

Día a día comprobamos la lucha de gran parte de la población uruguaya para encontrar solución a su economía, y el mayor impulsor de los riesgos es nada menos que el Estado. Muchos quieren negar el tema de la «herencia maldita», pero en este caso, el actual gobierno recibe un panorama muy heterogéneo que fuera aprobado por sucesivas legislaturas comandadas por integrantes del Partido Colorado y el Partido Nacional.

Todos los días de la semana se puede apostar a algún juego. Tenemos distintas oportunidades para desafiar al azar, tanto a la quiniela, como en los casinos o el hipódromo, según cada gusto.

Cuando en realidad el gobierno debería ser el protector de los pobladores del territorio, certificamos que es el principal impulsor para que la gente gaste sus pesitos. Así observamos que quien tiene necesidad de conseguir más dinero, no encuentra mejor camino que recurrir a los juegos públicos.

Históricamente nos remontamos al año 1856, cuando se estableció que las Loterías Públicas eran de pertenencia exclusiva del Hospital de Caridad. En julio de 1889 se creó la comisión denominada de «Caridad y Beneficencia Públicas».

Luego, en febrero de 1933 se oficializa el juego de quinielas. Según la Ley Nº 11923 se dispuso que la «Administración Nacional de Loterías y Quinielas» dependerá del Ministerio de Hacienda a partir del año 1953. El Consejo de Estado, el 12 de diciembre de 1974, decreta diferentes penas para quienes cometieran delitos en las apuestas clandestinas, tanto en las carreras de caballos como en el juego de quinielas, según se estipuló en la Ley Nº 14319, que fuera firmada por Demichelli, Bordaberry y Linares Brum.

El 23 de junio de 1982, también el Consejo de Estado aprobó la Ley Nº 15294, que introdujo varias modificaciones del Código Tributario relacionadas con la lotería y las quinielas, y que llevó las firmas de Hamlet Reyes, Gregorio Alvarez, Valentín Arismendi, Valdés Otero, Walter Lusiardo, Ramón Malvario, Mattos Moglia y Julio Espínola.

Nuevamente el Consejo de Estado, el día 6 de febrero de 1985 y con las firmas de Eduardo Praderi, Gregorio Alvarez y Alejandro Vegh Villegas, dispuso el mantenimiento del monopolio de la «Dirección Nacional de Lotería y Quiniela» y creó varios gravámenes para futuras modalidades de juego.

Este resumen intenta confirmar la distorsión que sufrió la explotación de los juegos de azar, que se iniciaron con la voluntad de beneficiar al Hospital de Caridad, para finalizar con el usufructo de organizaciones llamadas Bancas que dispondrán el beneficio de todos los juegos.

Cuando los gobernantes tendrían que buscar salidas que amortigüen la pobreza de los uruguayos, nos encontramos con un panorama cada vez más agresivo para los bolsillos de la gente.

Así aparecieron la Tómbola, el 5 de Oro, la Raspadita y como cada día tiene 24 horas, se duplicó la Quiniela diaria y el 5 de Oro agregó otro sorteo semanal. Ahora nos enteramos que existe una iniciativa en el Parlamento para aprobar nuevos métodos de juego que podrían utilizarse por internet para tener la comodidad de apostar desde casa al exterior del país.

El juego es un vicio y hasta podríamos decir una enfermedad en muchos casos. Lo que se tendría que hacer es considerar un estudio que analice soluciones al respecto, porque se evitaría un gasto innecesario para quien necesita disponer dinero para lograr subsistir, y le corresponde a quien esta dirigiendo el destino del país fomentar posibilidades de diferente índole que logren la felicidad de cada persona. No es posible que fomentemos libremente a los ludópatas sin ningún tipo cortapisas.

Limitar las oportunidades, tanto de los juegos de azar como de los casinos y los hipódromos es cuestión de sensatez. No puede ser que haya maquinitas tragamonedas en cualquier comercio vecinal, que atraen a los niños a gastar cualquier dinero que logren. Si hasta se permitió convertir el emblemático edificio del recordado diario «El Día» en un centro de cientos de maquinitas y que se está ampliando para que miles de personas apuesten diariamente, además de otros cuatro locales que tienen por la ciudad.

A la industria sin chimeneas también se le facilitó el aumento de carreras, ya que se iluminó la pista y el Hipódromo de Maroñas tiene competencias tanto de día como de noche. De los casinos ni hablemos. Mantenemos uno de ellos dentro mismo del edificio sede del Mercosur, demostrando un ejemplo muy inapropiado, aunque ahora se intenta mudarlo, cuando en realidad habría que reflexionar si las salas de juego son una labor municipal y muchas veces hasta provocan déficit en sus presupuestos. Acordamos que en lugares de turismo pueden ser complemento de esparcimiento para el público y por lo tanto cierto beneficio para el Estado.

Comprendemos también que mucha gente vive de los lugares que mencionamos y es muy peligroso cortarles el puestito de quinielas o la oportunidad de ganar montando un caballo, pero habría que estudiar muy a fondo si se sigue con la costumbre de abrir bocas para que los uruguayos gasten su dinero o correspondería buscar caminos de orden y ahorro que posibiliten aminorar la pobreza reinante.

La Lotería Nacional es la única que entrega sus dividendos a la sociedad, por lo tanto el resto de los juegos, tanto la Quiniela, el 5 de Oro, la Tómbola, las carreras de caballos, las maquinitas y sobre todo los casinos, deberían transferir un porcentaje a los uruguayos, ya que ahora contamos con un Ministerio de Desarrollo Social que necesita mayores ingresos para cumplir con su misión.

Todo está en manos de cada gobernante actual, tanto en el Parlamento como en todos los Ministerios, porque aquí hablamos de un tema que nos incumbe a todos. Cada uno de nosotros tiene que razonar para buscarle salida a este tema tan delicado.

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