Las paradojas del modelo: alimentos descartados
Seis mil dólares por día se tiran al mar en Pajas Blancas. Todos los días, un promedio de 23 toneladas de lacha –una especie ictícola perfectamente apta para el consumo y para la industrialización– son desechadas por los pescadores artesanales y por los barcos pesqueros. Tal como se informó en nuestra edición del pasado lunes, el insólito hecho –digno de la gran depresión producto de la crisis de 1929– se debe a la desaparición de los compradores habituales en razón del desinterés de los intermediarios exportadores que se vieron súbitamente enfrentados al cierre de ciertos mercados donde el pez tenía una cotización razonable pues se lo emplea como componente de los enlatados de atún.
Así, de la noche a la manana, el dios Mercado –por capricho o por razones desconocidas– dictamina que buena parte de la captura que con grandes sacrificios llevan a cabo los pescadores artesanales debe ser descartada de plano.
El hecho ilustra de manera patética hasta qué punto las autoridades de gobierno siguen dando la espalda al mar, una fuente de riquezas incalculable. Queda todo librado al arbitrio del mercado, al interés de los intermediarios y exportadores, que responde a su vez a las exigencias de los compradores. Como en tantos otros rubros, una actividad económica ajena al mercado interno, a los intereses y necesidades de la población.
Parece claro que las autoridades de gobierno han exhibido desidia y desinterés en fomentar una actividad productiva que podría generar mucho más trabajo. Y también han estado omisas en la apertura del comercio exterior hacia otros mercados donde colocar los productos del mar.
Un pescado como la lacha, perfectamente aprovechable, de buen sabor, rico en proteínas y nutrientes y con posibilidades de industrialización, es devuelto al mar porque nadie está dispuesto a pagar ni el precio más irrisorio por él. Porque aunque no haya nadie dispuesto a consumirlo, aunque nuestros hábitos gastronómicos no lo incluyan, hay mil posibilidades de aprovechamiento que el país se da el lujo de desperdiciar.
Un derroche inaudito en momentos en que la crisis golpea cada vez a más compatriotas. Una paradoja brutal cuando cada vez más seres humanos en el mundo padecen de subalimentación.
?Qué sistema, qué modelo es este, que tolera tan manifiestas incongruencias?
Un gobierno sensible habría dispuesto medidas elementales en coordinación con el Municipio, con el Instituto de Alimentación y con el de Pesca, de manera de impedir el derroche. Con ello, los pescadores podrían percibir algún beneficio extra, al tiempo que se paliaría en parte la carencia nutricional de amplios sectores de la población.
Cuando un país que enfrenta una crisis sin precedentes se permite tirar alimentos, es senal de que algo no funciona como corresponde.
El sector de la pesca artesanal sigue siendo el eterno postergado, excluido, marginado. Ahora con el agravante de este despilfarro inaudito y sublevante.
Compartí tu opinión con toda la comunidad