La "movida" de Batlle
Jorge Croce
Mientras algunos duermen la siesta del verano, la «cabeza pensante» del preocupado Batlle no descansa. Ayer se trasladó hasta la Costa de Oro a saludar, como al descuido, a su viejo amigo, el general Seregni.
Y luego de hablar de «todo», se convino que el general queda como responsable de la organización de un pluralista seminario sobre el futuro de las empresas públicas.
Las empresas públicas, según la visión neoliberal de Batlle, no tienen otro futuro que pasar a manos privadas. Y punto.
Se trata de una maniobra «diversionista» de Batlle. No por casualidad, en el momento en que se enfrenta a una prueba popular que puede (y tiene que) ser decisiva. No por casualidad preguntó al doctor Tabaré Vázquez, varias veces, en el transcurso de su última entrevista, «qué iba a hacer el EP/FA respecto al plebiscito del 18/2″.
Que ese, y no otro, fue el «leit-motiv» de la invitación a Tabaré.
Y entonces, ahora se juega a esta «bola de humo». Agarra por el lado del general, que ya ha manifestado su oposición a este referéndum. Y le da un protagonismo que no necesita, para sembrar en «la izquierda» la semilla de la duda.
Porque en el seno de la llamada izquierda, el panorama es bastante inquietante.
Solo los (mal) llamados radicales, jugados con (su poco) todo, a respaldar la consulta a la gente. Por principios irrenunciables.
La mayoría del FA, a estar por la representación orgánica, nucleados en la Triple Alianza, que inicialmente dijo no al plebiscito, y luego, con un casi subliminal «qué más remedio» se subió al ómnibus de las firmas (más que) necesarias obtenidas.
Y algunos rescoldos que abiertamente, se oponen al plebiscito.
Entre los que aparece la figura otrora emblemática del general Seregni.
Cualquiera sea la charamusca que se haga arder, en el fondo de la cosa, Batlle está jugado al «estadito» juez y gendarme.
Juez, porque sigue siendo válido que la oligarquía pueda seguir digitando, en aras de defender sus intereses, las cúpulas jurisdiccionales, donde las expectativas de los «necesarios» ascensos requieren el hacer buena letra con el poder de turno.
Gendarme, porque sigue siendo imprescindible a los generadores de las políticas impopulares, tener el brazo armado a la orden, para poder reprimir.
Y se acabó.
Lo demás, que pase a las manos eficientes y generadoras de riqueza de los particulares. Si son amigos, mejor. Y a pesar de que quiere vender todo, lo está disimulando muy bien.
Aunque sea, como primer paso, a través de las llamadas «empresas mixtas».
Donde junto con los personeros privados están los representantes del gobierno, amigos complacientes de los primeros y permeables a sus «incentivos».
Lo primero es poner «un pedacito» de cada medida legal a impulsar, en cada una de las tantas «leyes de urgencia» que está procesando, de apuro y a tapas cerradas con la connivencia de los «brazos enyesados». Con la ayuda del presupuesto, del mensaje complementario, la fe de erratas y la posdata. Así se hace muy difícil de atacar, casi imposible, porque estamos sometidos a la necesidad de hacer un plebiscito por cada pedacito legal que va apareciendo. Esa es la mecánica perversa.
Además, se introducen en forma taimada y maquiavélica, en elaboraciones legales que formalmente impiden que se les ataque.
Porque no se puede hacer plebiscitos, por ejemplo, contra leyes que establezcan impuestos. Entonces, disfrazadas dentro de una ley de este tipo, se meten cosas que no tienen nada que ver con el título formal de la norma.
Y luego, se pasa todo por el «filtro» de la «aséptica» Corte Electoral, órgano de «justicia» electoral inapelable.
Allí, los integrantes designados por cuota política, dejan traslucir la camiseta del partido que los designó y prohíjan una «solemne» decisión.
Vichando por debajo de la venda de la Justicia dictaminan que tal artículo no se puede plebiscitar porque está dentro de una ley, de esas establecidas como inatacables por un plebiscito.
Pero ¡ese artículo no tiene nada que ver con el título de la ley!
Mala suerte. La decisión es inapelable y a llorar al cuartito.
Ahora, en medio de la «movida» por el plebiscito del 18/2 se le ocurre a Batlle que es conveniente que se discuta sobre políticas de Estado de qué hacer con las empresas públicas.
¿Se olvida que ya la ciudadanía opinó contundentemente sobre el tema, no casualmente, en un plebiscito memorable?
Pero, al estilo del boxeador mañoso, que agarra con una mano y pega con la otra, nos refriega el guante en el ojo, buscando apoyos «extramuros» para desactivar los efectos del plebiscito del 18/2, que es en este momento su primaria preocupación.
La consigna del pueblo es, ahora, estar alerta, comprendiendo lo que se juega el 18/2, en una instancia en que el voto es obligatorio, para la conciencia de los buenos orientales jugados a la defensa del paisito.
Mientras tanto, Batlle sigue vendiendo el país, al mejor estilo del gallito Luis (Alberto). Sería bastante honesto que, mientras se organiza el seminario para ver qué se hace con las empresas públicas, el general Seregni exija, y el gobierno dicte normas que pongan en suspenso aquellas vigentes que han puesto en marcha la liquidación de los entes del Estado. Porque cuando se terminen las conclusiones del seminario ya no va a quedar nada por vender.
Y el 18/2, llueve o truene, tenemos un compromiso de honor con lo que nos va quedando de Uruguay, para decirle que NO a este gobierno cipayo, votando para habilitar la consulta final a la gente.
El pueblo debe tener siempre la última palabra.
* Dirigente de la CI.
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