¡Péguenle a los macumberos!
Esta situación de intranquilidad permanente en relación a la libre expresión de la espiritualidad umbandista es por momentos insostenible. Recuerdo que en una oportunidad nos dijo un legislador colorado: «no es bueno aparecer siempre en la protesta». Sucede que casi siempre es el único espacio que nos dejan.
La expresión del título es tomada de alguien que así lo vio en una nota periodística a raíz de los continuos ataques de que éramos y somos objeto los fieles afroumbandistas (no digo seremos para no parecer pesimista) de parte de los telepastores de la llamada Iglesia Universal del Reino de Dios. Me gustaría que lo de Dios en lugar de reino fuera república, tal parece que siempre nos toca ser vasallos. Lo siguiente es por la eventual restricción al uso de las playas para realizar ritos religiosos surgida la mala nueva del Departamento de Desarrollo Ambiental de la IMM y lo que -aún sin certezas de encontrar una contemplación a nuestra inquietud- se nos ocurre decir después de hablar con el intendente, doctor Ehrlich.
Tengamos presente la política inclusiva del gobierno capitalino y nacional. La Intendencia frenteamplista permitió poner la estatua de Yemanjá en Ramírez en 1994. El año pasado con presencia del propio intendente y el presidente de la Junta Departamental, se inauguró placa homenaje a Yemanjá recordando los 90 años de instaurada la libertad de culto en nuestro país, Montevideo trabaja como ciudad líder de la Coalición Latinoamericana y Caribeña de Ciudades contra el Racismo, y además, todos los años declara de Interés Municipal el Día de Yemanjá dos de febrero; celebración multitudinaria en las playas que ha trascendido su carácter religioso para transformarse en festejo popular. Creemos firmemente que NUNCA LA IMM TOMARÍA UNA MEDIDA QUE RESTRINGIERA NUESTRO DERECHO CONSTITUCIONAL DE LIBRE CULTO. Al menos eso esperamos. Si bien aún no hay nada concreto, la comunicación con el doctor Ehrlich nos trasmitió calma en ese sentido.
Lo que martiriza es que nunca sabemos de dónde vendrá el golpe. Si es por las faenas, (otros credos también matan animales mediante rituales preestablecidos), si por los ruidos de tambor, o si nos satanizan públicamente y a nadie le importa. Y el colmo: nos quieren prohibir rendir culto a la Naturaleza objeto de nuestra veneración. Realmente todo hace pensar que molestamos en este país.
Es preocupante que se haya pensado en implementar normas que cercenen de cualquier manera las manifestaciones religiosas libres constitucionalmente en Uruguay, aún más en el gobierno democrático y progresista de hoy. Son graves brotes individuales de intolerancia y discriminación, que justamente confirman la regla de no exclusión de la administración de la ciudad y sus autoridades municipales, alguien aislado que no debería ocupar un cargo de dirección en el gobierno. Hoy contra los umbandistas… ¿A quién va a perseguir después? ¿A los viejos? ¿A los homosexuales? ¿A los discapacitados?
Si pretenden no permitir las ofrendas en la costa uruguaya, más que sanidad ambiental estarán promoviendo una limpieza étnica pues la religión afroindígena es parte de la cultura de los pueblos aborígenes dueños de estos suelos y de los africanos traídos esclavos que integran la identidad nacional junto a las vertientes europeas.
El problema es que somos creencia de poblaciones sometidas durante la sangrienta conquista, relegados históricos en la formación institucional de la nación y nunca nos tienen en cuenta para nada.
En pro de los avances científicos y comerciales no podemos barrer la idiosincrasia de una comunidad. Mañana nos van a querer blanquear. Reprimirnos sería incluso un mal negocio del punto de vista turístico ya que mucha gente viene a nuestro país por la fiesta del mar. El mundo protagoniza una tendencia a la revalorización de las culturas nativas avasalladas, basta observar los grupos humanos de donde provienen los presidentes que han asumido el mando últimamente y el propio Obama próximo a ganar en EEUU. En resumen: es necesario ver la diversidad cultural no como un problema social, sino como riqueza fortalecedora de una sociedad integrada. Esto nos conducirá a la armonía y al desarrollo.
Son las sociedades industrializadas las que ocasionaron el calentamiento global, no los sistemas ancestrales tribales, y la Umbanda afroamericana rescata sus ritos. El sentido de la ofrenda umbandista justamente es cuidar la Naturaleza, alimentarla, agradecerle y brindarle energía para que viva sana y nos permita a su vez la vida en comunión con el ecosistema del que somos parte. Luego del momento de entrega y vibración energética, esos enseres y alimentos se transformarán en deshechos al igual que cualquier residuo de actividad humana la que sea. Hay trabajadores municipales que a eso se dedican -hay recolectores porque hay basura para recoger- los cuales también son sustentados por los aportes de los fieles seguidores de Yemanjá.
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