EDITORIAL

El doctor Guevara

Ayer se cumplió un nuevo aniversario de la muerte de Ernesto Che Guevara, una de las personalidades más importantes que emergieron de la revolución cubana.

Argentino de nacimiento, cubano por adopción, referente latinoamericano y caribeño por afecto, símbolo mundial de la rebeldía de todos aquellos que en el mundo queremos que la vida tenga el mejor rostro humano.

Su personalidad, sus ideas, esa extraña costumbre de defenderlas poniendo el pellejo por delante y no en las gerencias de los bancos compartiendo bebidas caras, lo han colocado al nivel de los grandes hombres que perduran por los tiempos de los tiempos.

Es la mejor expresión de los intelectuales comprometidos con los cambios, con la revolución, mientras otros prefieren administrar los fracasos de las crisis inmobiliarias, sin importarles que la crisis de los ricos termina siempre perjudicando a los más pobres.

Ayer Frei Betto escribió éstas líneas: «Che, muchos de tus recelos se confirmaron a lo largo de estos años y contribuyeron al fracaso de nuestros movimientos de liberación.

No te oímos lo suficiente. Desde Africa, en 1965, escribiste a Carlos Quijano ­del semanario Marcha, de Montevideo­: «Déjeme decirle, con el riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esa cualidad».

Bajo ese artículo polémico, Betto, con ese recordatorio de Guevara, apunta a rescatar el amor como elemento fundamental de cualquier propuesta política, más si es de izquierda.

Dentro de este talante agrega: «Desde donde estás, Che, bendícenos a los que comulgamos con tus ideas y tus esperanzas. Bendice también a los que se cansaron, se aburguesaron o hicieron de la lucha una profesión en beneficio propio.

Bendice a los que tienen vergüenza de confesarse de izquierda y de declararse socialistas. Bendice a los dirigentes políticos que, una vez que dejaron sus cargos, nunca más visitaron una favela o apoyaron una movilización.

Bendice a las mujeres que, en casa, descubrieron que sus compañeros eran lo contrario de lo que proclamaban afuera, y también a los hombres que luchan por vencer el machismo que los domina.

Bendice a todos los que, frente a tantas miserias que debemos erradicar de nuestra existencia, sabemos que no nos queda otra posibilidad que convertir corazones y mentes para revolucionar sociedades y continentes.

Sobre todo, bendícenos para que todos los días seamos motivados por grandes sentimientos de amor, a modo de tomar el fruto del hombre y de la mujer nuevos».

Que así sea, doctor Guevara.

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