El mundo no está para cardíacos
La mañana de ayer no fue apta para cardíacos. A través de Internet nos fuimos enterando, casi como una carrera suicida, que iban cayendo bancos como racimos de uva después de una granizada, que Francia hablaba de recesión y que el poder de la riqueza se iba concentrando en pocas manos. Como siempre que el capitalismo entra en crisis profundas.
Por la tarde, a las 15.00 horas, la oscuridad avanzó como las tormentas de verano en nuestro país, aunque las nuestras son pasajeras. Fue así que supimos que la Cámara de Diputados de Estados Unidos rechazó en una primera votación el paquete de salvataje financiero de 700.000 millones de dólares. La votación terminó 228-205 en la cámara baja, al tiempo que se derrumban las acciones en Wall Street. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se declaró a través de uno de sus portavoces, Tony Fratto «muy desilusionado» con el voto. Según informaron voceros republicanos, los legisladores de ese partido se reunieron inmediatamente después de la votación para «analizar los pasos a seguir».
Fratto dijo que también Bush dedicará estas horas a «determinar» sus próximos movimientos. «No hay duda de que el país está enfrentando una difícil crisis que necesita ser afrontada», dijo el portavoz. El «No» consiguió sostenedores tanto en las filas de los congresistas republicanos como de los demócratas, muchos de los cuales tienen que enfrentar también el veredicto de los votantes en las elecciones de noviembre. Las encuestas siguen consignando una muy baja aceptación entre los votantes para el paquete financiero, que debería comprar los paquetes de activos «tóxicos» sostenidos sobre millares de hipotecas blandas concedidas a compradores de viviendas de bajos recursos para descongestionar el sistema de crédito e inversiones norteamericano.
Los legisladores que votaron por el «No» desoyeron los insistentes llamados de la Casa Blanca, que viene impulsando duramente este paquete, con el visto bueno de gran parte de la cúpula de la oposición demócrata. Mientras tanto, la Bolsa se sigue hundiendo mientras ve escaparse la posibilidad de que el gobierno la salve del desastre con dinero de los contribuyentes. En tanto esta crisis desenfrenada se desarrollaba y se desarrolla a un ritmo infernal, los países emergentes como los de América del Sur rezamos para que lo peor no caiga sobre nuestras tierras y bolsillos, sabiendo que esta vez las cosas se hicieron bien y que hay posibilidad de salir airosos de la crisis del sistema bancario del primer mundo del capitalismo.
En el caso de nuestro país queda claro, hasta para los más opositores al gobierno progresista, que tenemos los pies bien puestos en la tierra y en condiciones de afrontar vientos financieros huracanados, en tanto hay un fuerte equilibrio fiscal, el tema de la deuda nos agobia y bancos en crisis no tienen o tienen muy poca incidencia en el mercado local. Como dijo el contador Enrique Iglesias, la crisis financiera «cambiará para siempre la forma de hacer banca en el mundo» y recomendó más ortodoxia macroeconómica, control de la inflación y solidaridad regional a los países de América Latina para atenuar su inevitable impacto.
Pero mientras no se cambie el sistema, hay que tener herramientas para afrontar el mundo global en crisis que por razones electorales en Estados Unidos, no encuentra una salida. Es dramático y esta vez no es culpa de la uruguayez, esa tendencia que tenemos los orientales de destrozarnos, cuando la idiotez es global.
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