Sanguinetti y Batlle: más que diferencias de estilo
Nadie en su sano juicio puede albergar la sospecha (o la esperanza) de que el nuevo elenco gubernamental que se instalará a partir del 1 de marzo, y que regirá los destinos del país durante los próximos cinco años, se embarque por sendas diferentes a las transitadas por las últimas administraciones en materia económica. El presidente electo ha sido claro en sus propuestas preelectorales que confirmó luego de ser elegido: tendremos más de lo mismo, tal como lo anunció en su visita a la sede del PIT-CNT.
Entre las múltiples virtudes del doctor Batlle, destaca particularmente su honestidad: el futuro presidente es un neoliberal auténtico condición que, lejos de ocultar, proclama sin eufemismos y nadie puede sorprenderse de que su ministro de Economía sea el contador Alberto Bensión, notorio afiliado a la doctrina emanada de la Escuela de Chicago. Estructuralmente, el país no será modificado.
Hay empero un estilo característico del doctor Batlle que ya ha sido resaltado desde estas páginas que lo distingue de manera incuestionable del actual presidente. Parece obvio señalar que la personalidad de uno y otro líder difiere en forma categórica y que el carácter bonachón del doctor Batlle contrasta abiertamente con el empaque y la rigidez del actual mandatario.
Ahora bien, a partir de su instalación en el Radisson Victoria, el futuro presidente ha comenzado a enviar señales que van conformando ciertas características que trascienden esa diferencia de personalidad y se inscriben no ya en un estilo afable y conciliador, abierto al diálogo, sino en una percepción de los problemas del país y en una forma de hacer política que lo distancian aun más del líder forista.
Cuando faltan pocos días para su asunción, el doctor Batlle ya ha dado suficientes muestras de las diferencias de enfoque, de prioridades y de propuestas que tiene con el gobierno actual.
Vale la pena repasar algunos hechos demostrativos de esa particularidad.
En primer lugar, cabe resaltar el nuevo relacionamiento con la oposición que lo llevó a tener dos entrevistas con el líder de la izquierda en un clima de civilizada cordialidad; del mismo modo ha de verse su encuentro con la dirigencia de la central obrera. No obstante su innegable importancia, estos hechos pueden inscribirse en la mera diferencia de estilo ya apuntada.
Sin embargo, son otras actitudes las que marcan las diferencias conceptuales más importantes con el sanguinettismo.
En un tema de enorme trascendencia como es el de los desaparecidos, el doctor Batlle ha exhibido una postura mucho más de acuerdo con el espíritu de la mayoría de la población, más dispuesto a encontrar una solución viable a esa terrible asignatura pendiente de la sociedad uruguaya, cosa que el doctor Sanguinetti se obstinó en soslayar, entorpeciendo las investigaciones y pretendiendo imponer la amnesia como punto final a los doce años de terrorismo de estado. No estamos hablando de medidas concretas ni de supuestos acuerdos con el doctor Vázquez que fueron prestamente desmentidos por ambos líderes; hablamos de un cambio importante de actitud que lo acerca a la visión que del problema tienen quienes reclamamos que se cumpla el artículo cuarto de la Ley de Caducidad.
También en política de comunicaciones un tema que ha vuelto al tapete merced a la aprobación de un decreto absurdo e inconstitucional y a la concesión de nuevas frecuencias de radio se tiene la percepción de que las diferencias con el gobierno actual son dignas de resaltar.
Y finalmente, el severo cuestionamiento al Código del Proceso Penal, un opus de la administración actual, impulsado y defendido con tenacidad por el presidente Sanguinetti.
Se trata de signos positivos, reveladores de una sensatez de la que careció el gobierno forista.
Compartí tu opinión con toda la comunidad