Asistencia social religiosa y pérdida de identidad
Sobre el artículo del escritor y periodista Fernando Buttazzoni titulado «Una iglesia pobre, una pobre iglesia», contratapa de LA REPUBLICA 29/8/08 referido a disputas entre católicos de altas esferas eclesiásticas y católicos asistenciales del Perú andino, como practicante de una religión afroindígena deseo hacer un comentario.
Las iglesias -ninguna de ningún culto- deberían adicionar directa o sutilmente a los beneficios sociales brindados, la enseñanza de su fe y con ella sistemas de valores determinados a las comunidades a las que quieren ayudar, pues esto conduce a la pérdida de la identidad cultural propia de esas etnias. Quien ampara en estos casos a la vez que educa y da de comer, enseña a adorar un Dios foráneo, entonces las creencias originarias -religiones madre- infaustamente pasan a segundo plano o directamente al olvido, y con ellas todo un acervo de usos y costumbres tan válido como cualquier otra expresión humana.
Hay mucha violencia en eso aunque se presente como caridad y ayuda al prójimo. Se atacan de raíz las libertades individuales consagradas internacionalmente de forma primordial en cualquier cuerpo normativo. Nuestra Ley Fundamental posee 332 artículos y la protección al libre culto es el quinto entre los primeros, pues la íntima convicción de lo trascendente se proyecta como sostén fundamental de la identidad de las personas. El derecho a creer o no es lo que se protege, y nadie puede intimar o inducir a otro a hacerlo por la fuerza de los hechos o las circunstancias. Tal proceso de aculturación se dio de manera cruenta en las américas colonizadas, y aún hoy el cometido de la iglesia católica; elitista o no; parece ser imponer su visión espiritual no importando si para eso avasallan bastiones identitarios que podrían perderse para siempre como los rituales sagrados africanos e indígenas. ¿Por qué no ayudar respetando la idiosincrasia de aquellos que se busca beneficiar?
Si mientras «protejo» a un nativo le inculco mi convicción religiosa, estoy manipulando, y es más dañoso que la indiferencia pues se dinamita la memoria histórica.
El arrinconamiento, pobreza material y sentimiento de ajenidad en su propia tierra de los hermanos aimaras y quechuas olvidados entre los olvidados de que habla el artículo de Butazzoni, es producto de la dominación europea, ladrona de territorios, costumbres y metales preciosos. La desolación y enfermedades físicas y anímicas no vinieron solas, sino de la mano de los opresores justificados por la Iglesia Católica. Las llamadas misiones fueron auténticos corrales mentales de aborígenes domesticados al servicio del hombre dominador y poderoso.
Emilio Esteban Mosonyi, sociólogo doctor en antropología y lingüística venezolano, ha hecho un estudio de la castración cultural emprendida por misiones en comunidades indígenas a las que pretenden «evangelizar» o «reducir». Sostiene Mosonyi acerca de la abducción infantil practicada actualmente por misiones católicas en Venezuela donde el niño es sacado de su entorno a una edad muy temprana, de manera que a menudo llega a perder todo contacto de su medio. «Los niños formados en esos centros misionales llegan a ser unos típicos desarraigados, que no pertenecen ni a la sociedad indígena ni a la nacional»
Es imperioso que cese toda forma de desarraigo con fachada de acción social. Si asumimos reparar, lo justo sería devolverles lo que les obligamos a olvidar. Muchos de ellos ya no saben ni cuál era la fe natural de su gente, y se autocensuran pues les hicieron creer que sólo el Dios europeo es bueno. No llegan a percibir la existencia y magnitud de la pérdida de sus expresiones humanas diversas y originales porque se las borraron de la mente. ¿Cómo lograr que tantas comunidades no se sientan culpables por no ser cristianos, y al contrario se conciban plenos y orgullosos de las creencias ancestrales propias de su más rica historia? ¿Quién se responsabiliza de restaurar esa cultura mancillada en nombre de civilización -cuál- y evangelizamiento? ¿Quién se encarga de recuperar la identidad de esos pueblos a los que se obligó por pan a creer en dioses ajenos?
En un Encuentro sobre el Diálogo de Civilizaciones, el antropólogo Mosonyi afirmó que estas comunidades han participado siempre en el proceso formativo que conduce al momento actual que vive la humanidad. «Si bien no han participado directamente en la llamada revolución científico-tecnológica, ésta nunca habría ocurrido sin los innúmeros elementos e ingredientes materiales y conceptuales que estos habían suministrado», concluyó que «es de lamentar que los países promotores de dichos cambios paradigmáticos se adueñaran unilateralmente del llamado proceso modernizador mediante la exclusión sistemática de todas las demás sociedades o su mera utilización como fuente subalterna de recursos baratos y mano de obra semigratuita».
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