Coraje y dignidad republicana

Voy a dar un testimonio de vida. No se trata de un análisis coyuntural. Se trata de un homenaje a quien me enseñó a amar al prójimo y a luchar por un mundo más justo.

Recuerdo aquel día, a comienzos de los años 80, en el Liceo Manuel De Salas de Santiago, Chile. La vida de mi padre pendía de un hilo y de mi habilidad como declarante frente a las preguntas que me formulaba el director de aquel Colegio, quien había hurgado en la intimidad familiar el pasado de mi progenitor, un ex funcionario del Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social en la Cepal, sociólogo y abogado que en 1982 debió exiliarse en Caracas, Venezuela, y regresó ya muy enfermo, cuando el Uruguay recuperó sus libertades. Nuestro hogar chileno había sido por cierto asilo de muchos compatriotas que llegaban huyendo de la dictadura uruguaya, de las fuerzas conjuntas, del macabro e incipiente Plan de exterminio «Cóndor», en plenos 1000 días de Allende presidente . Debo confesar que aún me da cierto temor contarlo. Lo hago por mi salud mental, por sanar heridas y cuentas del alma, por mi madre y su integridad psicológica transgredida, por el profundo daño y deterioro irreparable que le causó este chantaje emocional a la familia, porque durante años no supe de mi mamá, porque hubo de parte de este confeso ex agente de la DINA(policía política del régimen de Pinochet), hoy radicado en las afueras de Estocolmo y muerto para mí en esta vida, la clara intención de involucrar a mi viejo en hechos que, para los torturadores y torquemadas constituían delitos de «lesa nación», como la «asistencia a la asociación subversiva», figura penal militar con la cual el coronel Silva Ledesma, profesor de Derecho Penal, en la Facultad de Derecho intervenida por los militares, se permitió procesar a compatriotas y los envió a execrables mazmorras.

Papá fue un demócrata de mucho coraje. Un hombre que a la hora de los hornos no tuvo miedo y que me demostró en los hechos lo que es la palabra dignidad. Hace 8 años que partió de este mundo y me enseñó también lo que es ser compañero de verdad. Aprendí de su enorme talento a expresarme, a decir lo que pienso y a no inclinarme jamás ante la adversidad y la injusticia. Fue amigo de Ariel Collazo, del «Bebe» Pessano, de Renzo Pi Ugarte, de «Tucho» Methol Ferré, de Enrique y José Claudio Williman, entre muchos otros hombres y mujeres de diversa raigambre política y social. Quiso y sufrió mucho antes de su muerte, por la partida de sus entrañables amigos Mario Jaunarena y su esposa, Yennia Dunnova, quien nos relataba en Chile, durante los tiempos de la Unidad Popular, con orgullo que, a los 14 años cavaba trincheras en las afueras de Moscú, capital de la ex Unión Soviética, que perdió a 12 millones de seres, 25 millones de hogares destruidos y que clavó la bandera de la hoz y el martillo en el Reischtag, desde donde había surgido el mayor enemigo de la humanidad. Fue un joven de formación auténticamente batllista que siguió con pasión a Don Luis Batlle Berres y que decidió en 1962 acompañar a Zelmar Michelini en la conformación de la Lista 99, surgida en el seno del mismo Partido Colorado. Periodista del Diario «Acción», en sus tiempos de militante gremial y estudiante de Derecho, Fidel y la Revolución cubana sacudieron su conciencia y la de toda una generación de intelectuales brillantes que generó nuestra patria. Ya en los albores de los años 70 adhirió como ciudadano independiente y, a instancias del Dr. Oscar Bruschera, a aquel formidable grupo de patriotas que unidos a partidos y movimientos políticos fundaron nuestro Frente Amplio.

Los militares uruguayos sabían que mi padre había asistido a compañeros que llegaban a nuestra casa, escapando de inenarrables vejámenes y de la muerte misma. Jamás les preguntó en Santiago, a qué partido político pertenecían. Eran hijos, sobrinos y parientes de amigos de toda una vida. Eran por encima de banderías políticas esencialmente uruguayos, luchadores sociales y políticos. La palabra solidaridad fue entonces y en posteriores años de «la vía chilena al socialismo» la impronta que nos marcó y nos educó para siempre. Dio por cierto mi padre mucho amor al prójimo, fue un hombre íntegro y sabio, de fino humor. Era asistente de Cátedra de Isaac Ganón en Sociología y en Caracas, durante su exilio, continuó militando y trabajando en la docencia sobre su especialidad temática ­la integración latinoamericana­, que hoy estamos intentando construir en este rincón del mundo, inspirada, como soñaba «Toto» Cappeletti, en una afinidad política, cultural y social, reflejo de los ideales de Simón Bolívar y de nuestro José Artigas.

Durante nuestra adolescencia en Maldonado, en tiempos de la dictadura se discutía con avidez de política y a pesar de la falta de mamá, nunca sentimos la ausencia de amor, de calor de hogar, de compromiso y educación para la vida y la solidaridad a cada minuto. Fue entonces que debió marchar a un interrogatorio cuartelero y dar la cara a mucha honra, en relación a su comprometido pasado con hombres y mujeres que, desde distintas vertientes, soñaban en construir un Uruguay para todos sus hijos. Hubo en esos minutos de dolor e incertidumbre que «apechugar» y pasar muchas necesidades. Mis hermanos menores debieron regresar a Chile, desde donde habían surgido las acusaciones contra nuestro padre. Se nos causó un daño irreparable. No les guardo rencor por lo mucho que me dañaron en su acción coordinada de «inteligencia». No quiero sin embargo que aquel profesor de Biología y agente de Pinochet, regrese a nuestras vidas y nos atormente. Por eso cuento esta historia, que es la de muchos de ustedes, que con menos fortuna que la de mi progenitor, perdieron a su padre, a su madre, a sus hermanos, a sus hijos y nietos, a entrañables hermanos. No quiero que en mi país vuelvan a existir presos políticos. No quiero que vuelva la tortura ni la desaparición física de personas que por pensar distinto eran exterminadas. La lucha por verdad y justicia continúa, es una tarea de todos reconstruir nuestro pasado. Invito a los militares y ex uniformados que saben y conocen sobre el paradero, de seres tan humanos como ellos, que fueran salvajemente asesinados, a que nos entreguen la verdad. Invito desde este testimonio a desmantelar el rencor y el odio entre uruguayos, a construir Patria y Solidaridad como lo hizo mi padre, quien murió asistiendo a ex presos sociales en el Patronato Nacional de Encarcelados y Liberados. Invito a la verdad y a la justicia uruguayos. Nunca más!

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