Contra la pesca artesanal
Carlos Bouzas
El Instituto Nacional de Pesca (Inape) ha resuelto limitar el número de embarcaciones menores de diez toneladas brutas de registro bruto dedicadas a la actividad pesquera. A partir del 1 de febrero próximo, solamente podrán pescar aquellas que se encuentren registradas debidamente. Los que dispongan de autorización pero no tengan embarcación, perderán el permiso. Otro tanto ocurrirá aunque la resolución no lo dice expresamente con todos aquellos que estén pescando actualmente pero no dispongan todavía de la autorización correspondiente.
Esta resolución afecta especialmente a la pesca artesanal de cabotaje.
La razón invocada para esta limitación del trabajo en el sector, es «la realización de un reordenamiento de las diferentes pesquerías con el fin de establecer una proporción entre el esfuerzo de pesca y la capacidad de los recursos como forma de prevenir una sobreexplotación de los mismos».
Lo primero que puedo afirmarle es que dudo mucho de que la razón invocada sea la verdadera. ¿Por qué?
En nuestro país existen tres grupos de grandes pescadores:
1) Los grandes barcos arrastreros con capacidad de unas tres mil quinientas cajas de veinticinco quilos cada una.
2) Los pescadores artesanales que recorren el litoral del Río de la Plata fundamentalmente, en pequeñas chalanas y obtienen una captura que oscila en las diez cajas.
3) Los lobos marinos que se alimentan con una dosis diaria de unas dos cajas de pescado.
Los pescadores artesanales –únicos afectados por la resolución que he glosado– practican un tipo de pesca respetuoso de la naturaleza. Su técnica es el palangre (que pesca solamente al pez que es retenido por el anzuelo) y el trasmallo ( pequeñas redes que retienen a los peces grandes y dejan pasar a los pequeños).
Los barcos arrastreros –los más grandes pescadores por lejos– desperdician muchísima captura en cada salida, sea por peces que se destrozan en la red de arrastre, sea porque desprecian las especies que no son requeridas por los armadores.
Mientras tanto, la población de lobos está creciendo mucho en el Este del país, como consecuencia del abandono de la captura anual que practicaba el viejo SOYP, y que ahora ha perdido atractivo porque las pieles no se cotizan en el mercado.
Por eso, entonces, me resulta extraño que a la hora de administrar «la capacidad de recursos» tal como dice pretender la resolución, se afecte únicamente al sector que utiliza técnicas que no son depredatorias y, además, que no es el principal captor.
La aplicación de esta norma traerá consecuencias negativas en una fuente de trabajo que hoy da de comer a miles de uruguayos y que siempre ha estado al margen de todo tipo de protección y fomento por parte de todos los gobiernos.
Por eso, como no hay mal que por bien no venga, considero prudente que se provoque una discusión seria en torno a un asunto que, a mi juicio, se está resolviendo de manera silenciosa y arbitraria.
* Militante del Frente Amplio
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