Las entrevistas cordiales… y la lluvia de plebiscitos

La realización días pasados de la entrevista entre el Presidente de la República y el doctor Tabaré Vázquez ha dado lugar, como era de esperar, a una serie de comentarios por parte de los voceros de la derecha, tendentes a presentar antagonismos o fracturas entre las posiciones del Presidente del Frente Amplio-Encuentro Progresista y las organizaciones que impulsan la realización de distintas consultas populares a través de la utilización del mecanismo de referéndum contra las leyes.

A menudo, ciertas visiones excesivamente formalistas o lineales, también incurren en erróneas apreciaciones acerca del significado de este tipo de entrevistas entre dirigentes políticos cuando median divergencias de fondo.

Pensamos que en el marco de las reglas de juego políticas e instituciones vigentes en el país, Batlle es no solo el jefe del gobierno sino, además, cumple las funciones que en otros sistemas constitucionales se le asignan al jefe de Estado.

Vázquez, por su parte, es el Presidente de una fuerza-movimiento político altamente representativo y electoralmente mayoritario.

Es, además, el jefe de la Bancada Parlamentaria y representa a su fuerza política frente al Estado.

El intercambio de opiniones entre ambas personalidades nacionales es imprescindible para la mejor comprensión de la marcha de los asuntos que interesan a todos los uruguayos.

Tal intercambio no comporta, en modo alguno, que la fuerza política representada por Vázquez deje de sustentar su más neta y terminante oposición a algunos rasgos centrales de las orientaciones de esta administración.

Por más diálogo que exista está implícito en la naturaleza de las fuerzas políticas del gobierno –el quincismo, el Foro Batllista y el Herrerismo– que, en ningún plano, el Frente Amplio-Encuentro Progresista se puede sentir representado en este gobierno.

«A un lado los bagres y al otro las tarariras», como otrora le gustaba decir al general Seregni.

De un lado, los representantes políticos de las concepciones del neoliberalismo y la adoración a lo que el mundo nos arroja como destino.

Del otro, las organizaciones políticas que luchan por el cumplimiento de un plan de realización de un destino propio, nacional y popular para nuestro país.

La posición de las fuerzas sociales que apoyan la realización de los plebiscitos contra las leyes resulta también nítida y transparente.

Las organizaciones actúan en función del mandato de una soberanía que radica en los gremios o en las entidades sociales: siguen adelante con la impugnación a las leyes que privatizan.

Desde esta organicidad y espacio de decisiones, coinciden con las fuerzas políticas que apoyan la realización del referéndum, pero manteniendo su propio trillo, su propia línea de acción y su soberanía.

A diferencia de la fuerza política presidida por Vázquez, las organizaciones sociales no están insertas en la lógica de la institucionalidad estatal a que sus fuerzas y representatividad obligan al Frente Amplio.

Para los representados por Vázquez la relación con lo socialmente organizado es vital. De ese vínculo depende el futuro.

Al mismo tiempo, por su naturaleza política y por su propia fuerza, el Frente Amplio-Encuentro Progresista está obligado a ocuparse de instancias del contralor estatal esenciales en una democracia, como la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas.

No nos dejemos llevar por las boberías de la pantalla chica: la lógica cordialidad para las entrevistas sobre determinados asuntos no es obstáculo para que, en función de los antagonismos realmente existentes en la línea política general, las fuerzas progresistas sigan templando sus fuerzas para las próximas confrontaciones cívicas de los plebiscitos.

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