Nueva carta abierta a Jorge Zabalza

En tu última carta me dijiste que fuera a pedir ayuda a los ricos y famosos; y lo hice. Golpeé puertas y anduve de planeta en planeta como «El Principito».

Conocí al borracho, al vanidoso, me salí del libro y conocí al miserable en su máxima expresión, volví y encontré al que ordena, al que cumple con su deber y finalmente al zorro y a la rosa, única entre millones que es el ser humano.

Los ricos ricos no me atendieron, por lo que aprovecho esta carta para pedir a alguien importante que interceda, a ver si algún rico me atiende.

Los pobres me dieron ropa usada y juguetes para repartir en los asentamientos y en la calle.

Pude hablar con algunos importantes y medio ricos y con algunos políticos.

Antes de contarte la segunda versión de «La Odisea» o «El infierno de Dante» quiero que sepas, porque estoy seguro de que te alegrará de corazón, que recibí un premio que involucra a muchos organismos de gobierno y me lo entregó el propio Presidente de la República. Significa ello que, luego de diez años, también existimos para las autoridades de nuestro país. Voy a mandar fax a Chile, Paraguay e Israel para que sus institutos oficiales y organizaciones no gubernamentales que nos premiaron lo sepan.

Respecto a los políticos, el senador Jorge Larrañaga –a quien no conocía– me pidió algunos informes de la Fundación a través de gente de las Barras y Banderas de Nacional y su propio secretario.

Le mandé una carpeta sin ninguna esperanza y no quise hablar, ni explicar, ni pedir nada.

Hace poco me llamó para decirme que la Fundación había sido incluida en el Presupuesto para asistirla con un más bien simbólico apoyo, pero que para mí tiene mucha importancia.

Es invalorable.

Tabarecito Hackenbruch ha sido un fenómeno, lo encontré mucho más comprometido con el tema de los discapacitados y el deporte de lo que yo pensaba.

Alberto Iglesias, amistad que heredé de mi abuelo, y de la cual me siento orgullosa también. Y el intendente de Durazno, Carmelo Vidalín, que lee todas nuestras polémicas, será un amigazo. Me gustaría que lo conocieras.

Dicho sea de paso, mis dos cuñados quieren conocerte y quizás ayudarte. En la Intendencia de Montevideo, Alberto Roselli, Fernández y Campanella, aunque no quiero olvidarme de De la Gatta, Carámbula y Buonomo. ¡Qué lo parió! Ordenados, hay continuidad, seriedad, me hicieron sentir en familia, lo mismo Laguarda y Valenti.

Paco Casal y Nelson Gutiérrez se comprometieron a ayudarme.

La princesa D’Aremberg me pareció sensible, tengo la esperanza de que me ayude; lo mismo que Francisco Etcheverry Ferber y Alfredo Etchegaray. El Club de Golf, y Nacional de tenis, algo también de Carrasco, Nacional un poco más que Peñarol, y todos los cuadros, los jugadores, muy especialmente Carreño y Fossatti, Paolo, Chevantón, Anchen, Césaro y Vanzini.

Las empresas tienen por encima de los uruguayos un extranjero, que ni vive acá y no sé cuánto le puedan interesar nuestros problemas. Con Coca Cola tengo un hermoso idilio, como con Coronado, la Banca de Quinielas, Conaprole, Fundación Bank Boston, Antel y UTE y emprendimientos uruguayos en Canelones como Tecnicar, Clínica Mayo y Almacenes San Francisco, de los Borrazás.

Me preocupa Mastercard; después de marzo te cuento.

La gente que intenté contactar por McDonald’s me hizo un desaire de película, que lo contaré en mi próximo libro.

Otro empresario me regaló un inodoro, una pileta y alguna cosa más.

Casi como que me mandó a…

Petinatti no me pudo llevar a su programa, no sé si fue de la Producción o la Gerencia o que soy un cero a la izquierda, porque también recibo acusaciones por ser tu amigo.

De todas maneras, entre la Producción y Petinatti le hicieron un favor a mi libro en Océano.

Las producciones matutinas del 4 y el 12 ni le contestaron a nuestra Productora que intentó que me recibieran.

Los amigos de la comunicación que me dieron manos, y son muchos, no los nombro en esta primera: están en el corazón.

Termino con dos hechos. Uno, que la organización «No más niños en la calle» de la federación Umbandista y Mundo Afro, me entregó la Estrella de Orixá, sabiendo que trabajo indistintamente con católicos, evangélicos, unificados y más; eso me honra. Y finalmente, que recibí el Tabaré y un abrazo que me enorgulleció del doctor Federico Fasano y el arquitecto Mariano Arana.

Y lo dediqué: lo llamé el Tabaré de los cojones, de los cojones de los que en la miseria luchan para ganarse el pan, para criar los hijos, para no ser malos, para tener merenderos y bibliotecas. De los que enfrentan la subversión y el terrorismo de la indiferencia, del desempleo, de la falta de salud y educación, de la discriminación.

El terrorismo de algunos sectores de la comunicación que los agrede, cierra sus puertas para la respuesta, se ensaña con los errores de los pobres y privilegia con el silencio las gambetas de los ricos.

Por suerte la comunicación también está cambiando y el Tabaré de los cojones se lo dediqué a mis hermanos desde Santa Catalina a Cerro Norte a 12 de Octubre y Las Cañas al Borro y Casavalle, a Isla de Gaspar y Flor de Mayo, a los carritos y a los reclusos, a los que por pobreza o discapacidad o color de piel, enfermedades u opción de vida son empujados del margen para abajo.

Porque Jorge, en este nuevo siglo, las cosas van a cambiar y una de las maneras es esta, que a través de la comunicción –la prensa en este caso– los niños y jóvenes, que son todos buenos, les pregunten a sus padres ricos o poderosos, por qué en nuestros barrios ya hay niños y niñas que no llegarán a la pubertad, les faltan los dientes, andan descalzos, ejercen la prostitución, se dan el pegamento y de vez en cuando sacan a relucir una hoja afilada o un calibre 38.

De todas maneras cada vez estoy más convencido de que no hay revolución posible si no es en el corazón de los hombres.

La única y grande revolución es la que cambia al ser humano a través de la educación y la comunicación.

No hay sistema que resista sustentado por la avaricia, la indiferencia o la violencia

* Periodista y militante social  

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