Mil ochocientos veinticinco días
Este 1º de setiembre se cumplen mil ochocientos veinticinco días, o su equivalente en otras medidas de tiempo: un lustro, cinco años, sesenta meses, doscientas cuarenta semanas o cuarenta y tres mil ochocientas horas que los primeros trabajadores del Banco de Crédito pasaron al Seguro de Desempleo votado por la Ley 17.613 de diciembre del año 2002, prorrogado por la 17.939 de enero de 2006. No fueron los únicos, al Seguro de Desempleo marcharon además trabajadores de los bancos Comercial, Montevideo, Caja Obrera, Galicia y Caycu.
Entre el año 2002 y 2003, casi 1.200 bancarios pagaron con su despido, desempleo y desocupación la parte más cruel y dolorosa de la crisis que le tocó al sindicato bancario. A este quiebre estructural se sumaron los problemas económicos, los familiares, los desequilibrios personales: frustración, angustia, depresión, enfermedades de todo tipo como consecuencia de una nueva realidad nunca esperada en la plaza bancaria uruguaya.
Desequilibrios psiquiátricos, fallecimientos y suicidios fueron conformando la radiografía cotidiana de esa columna rezagada casi para siempre del mercado laboral.
Las leyes antes mencionadas lograron organizar la solidaridad en medio de la crisis, el resto de los bancarios en actividad y los jubilados pasaron a aportar durante los tres primeros años un 2,5% de sus sueldos, jubilaciones y pensiones para constituir parte del seguro de paro de los compañeros despedidos; a partir del tercer año, este impuesto se redujo a un 1,5% y actualmente a 0,25%.
La vapuleada Caja de Jubilaciones y Pensiones Bancarias fue la encargada de administrar este subsidio.
Todo proceso, por más doloroso que sea, deja enseñanzas; yo he llegado a algunas, a modo de ejemplo el impuesto solidario regulado por ley que permitiría a otros gremios grandes ir formando una bolsa económica que en cualquier oportunidad puede contribuir a mejorar el seguro de paro, tanto en lo que mensualmente cobra el trabajador desocupado, así como en aportes para la salud de él y su núcleo familiar que quedan en esa eventualidad desamparados, también en la duración en el tiempo que va a cobrarlo; tomo como ejemplo la Construcción, Metalúrgicos, Fueci, con un pequeño aporte de un 0,5% o un 0,25% mensual de cada trabajador en cada una de estas tres grandes ramas ¿cuánto se podría recaudar por mes, por año, para tener una bolsa de auxilio ante situaciones extraordinarias de pasaje al seguro de paro de cada rama de actividad?
El BPS debería administrar estos fondos, así como lo hizo la Caja Bancaria.
De los originales 772 trabajadores del Bco. de Crédito, quedan unos 200 compañeros que aún no han ingresado a los bancos estatales, tal cual lo establece el Convenio firmado entre AEBU y el Poder Ejecutivo, por el que cada tres trabajadores de la banca oficial que se jubilaran ingresaba uno del Bco. de Crédito. La lentitud en el cumplimiento de este convenio ya no tiene mucha explicación y todo indica que en setiembre, finalizado el 5º y último año de Seguro, deberán llamar a los trabajadores para su definitivo ingreso. Otro grupo de unos 130 trabajadores pasarán a lo que se ha llamado jubilación anticipada provisoria. Una vez más, la golpeada Caja Bancaria se hará cargo de nuestra cuota parte en la solución de la crisis financiera de 2002. Caja Bancaria que viene pidiendo a gritos -junto con AEBU-, la elaboración de una propuesta que evite un cisma aún peor que el del año 2002.
Días atrás homenajearon a Juanjo Ramos, querido compañero y más aún respetado adversario sindical. No pude concurrir, pero este hecho me motivó para hacer desde estas líneas un homenaje a esos 1.200 trabajadores bancarios que han marcado mil ochocientas veinticinco veces, día a día, una cruz sobre esa oscura pared de prisión llamada desempleo; en estas horas llegan al final de la página más negra en la historia moderna del sistema financiero nacional.
No por contraposición, sino como la natural complementación entre el dirigente y el colectivo.
Homenajear a los casi 12 mil bancarios activos que contribuyeron de su bolsillo en estos cinco años a financiar el seguro de paro. Homenajear a los 16 mil jubilados y pensionistas de la Caja Bancaria que entre rezongos, bromas y solidaridad aportaron mes a mes de sus ingresos para el seguro de paro.
Homenajear a los compañeros funcionarios de la Caja, que administraron con excelencia de orfebre estos recursos para que puntualmente en estos sesenta meses cobráramos nuestro seguro de paro.
Y por sobre todos los actos que celebremos en honor a quienes sean, el recuerdo y homenaje para aquellos compañeros que ya no están, que no serán reintegrados a ninguna plantilla laboral, ni se jubilarán, ni podrán brindar una copa este 1º de setiembre cuando lleguemos al final de esa empinada cima de mil ochocientos veinticinco días, que ellos no pudieron o nosotros no supimos hacerlos ascender.
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