Escrito por: Por Leopoldo Amondarain Convencional del Partido Nacional
En la multiplicidad de acuerdos políticos históricos abundan y han proliferado los que buscan estratégicamente espacios de poder. Lo que en la jerga partidaria se denomina “chacras” de influencia. Los clásicos frentes, ya sean de izquierda como de derecha, mezclan con fines cuantitativos electorales de las más variadas gamas y mezcolanzas de ideologías racionalmente incompatibles entre ellas filosóficamente.
El fin no es amalgamar dando soluciones ideológicas con coherencia, sino montar una máquina electoral eficiente a los efectos triunfalistas. Se ve entonces compaginar espiritualistas con materialistas, o sea en acuerdos donde se mezcla el agua con el aceite. En puridad, cada vez que se manejan conceptos de soluciones cristianas es de imaginar que los partidarios del materialismo dialéctico debería surgir de amnesia sobre sus principios básicos en la busca del poder que implica la obtención material de “carguetes” por importantes que sean, presidencias, ministerios, legislaciones, etc. El acuerdo político en cambio, entre el Partido Nacional y la Unión Cívica, centenarias colectividades que han hecho la Patria, paradójicamente carecen de esas comunes características tan inconexas ideológicamente. Se ha tenido el buen juicio, que en las grandes líneas filosóficas, como es la defensa de los principios espirituales, particularmente relacionados con el cristianismo en su defensa permanente en el futuro de la Patria. Ambas colectividades manteniendo sus identidades ideológicas construidas por sus grandes hombres históricos, Secco Illa, Regules, Zorrilla, etc., entre ellos, como el Libertador Oribe, Berro, Saravia o Herrera entre los muchos nuestros, identificándose en identidades similares o afines. O sea, acá no hay incompatibilidades.
A título de ejemplo, el principio de la defensa del matrimonio como instrumento fundamental básico en su permanencia como cimiento capital de toda sociedad sana y constituida con permanencia espiritual y estable moralmente de la familia. Identificarse en el concepto de la estabilidad del matrimonio, hombre-mujer legal e integrado, lo que da la solidez de las raíces sociales primarias y permanentes de cualquier Nación bien constituida en los valores primarios capitales. La educación de los hijos y sus formaciones intelectuales, no ordenadas arbitrariamente por el Estado en “amalgamas” materialistas marxófilas o totalitarias en definitiva sino basada en la libertad de educación que la familia indique o prefiera. La irrestricta defensa de la vida, derecho natural consagrado desde la concepción de la primera cédula humana con la que el embrión o niño y hombre futuro obtiene su alma y la existencia misma. Y a la que nada ni nadie tiene derecho a quitar, salvo Dios. O sea, el repudio más abyecto al repugnante crimen del aborto. Principios cristianos elementales con los que nuestros próceres construyeron la Patria Oriental. Por ende, las adopciones a recién nacidos no pueden ni deben imponerse con criterio materialista a parejas cuyas uniones no son las naturales heterodoxas. Sin perjuicio de respetar las voluntades de todo ciudadano que puede hacer opción de su vida según su real entender, no se puede destruir los valores cristianos regulares y normales exponiendo a la sodomización de los niños, que ya sean directa o subliminalmente influidos, asimilarían de los mayores sin tener en los hechos la libertad de elegir el ejemplo de una vida heterodoxa normal.
La máxima Bíblica de “casaos y reproducíos” es el principio cristiano sagrado en la formación de un país integral. Creemos ambas colectividades en los valores naturales del hombre, pero regido por la omnipotencia infinitamente justa de la voluntad de un Dios Creador que mantiene sobre ideas “globalizantes” un proceso pluricelular muy viejo en contra de destrucción a principios cristianos. Abolición de la moral natural, romper con el concepto de familia, educación escolar antirreligiosa particularmente cristiana, sin respetar las voluntades de los padres a los que se les retira a un plano secundario. O sea ir aplicando el “analgésico” para la idea nominada “globalización” a un gobierno mundial futuro.
Materialismo satánicamente programado. Nuestro partido Blanco no tiene una estructura religiosa y en sus filas se pueden desarrollar diversidad de ideas. Pero es inocultable su mayoría de siempre cristiana. Respetuosa de las ideas, siempre que se manejen dentro de estos parámetros. Es obvio, que tenemos estas identidades con la Unión Cívica, muchos de cuyos apellidos fundacionales en el transcurso de la historia, genes de sus ancestros se repiten corrientemente en los mejores “cuadros” partidarios blancos.
Nada es forzado ni arbitrario a los efectos de mediocres aspiraciones de poder. En las firmas de un acuerdo avalado por el Arq. Lamorte, presidente de la colectividad centenaria cívica, y del presidente Dr. Larrañaga, del Honorable Directorio de nuestro Partido de más de un centenar y medio de años de existencia en la construcción de la Patria Oriental como es el nacionalismo, se estampan estos principios entre otros, que aspiran a lograr coherencia en un gobierno próximo futuro.
OTRAS NOTICIAS EN LARED21