¡Seguridad era la de antes!
«Seguridad era la de antes», me dijo un amigo días pasados. Al mirarlo con sorpresa agregó: «porque antes los chorros no andaban por la calle, sino en los entes autónomos». La verdad es que ladrones y asaltantes hubo toda la vida pero, tiene razón mi amigo: durante los gobiernos blancos y colorados proliferaron delincuentes de guante blanco, ya sea en entes, ministerios, corporaciones para el desarrollo y «ainda mais».
Hace un tiempo estuve a punto de devolver una medalla de oro, al repasar una foto donde aparezco recibiéndola en el Directorio del Banco de Seguros, nada más ni nada menos que de manos de Julio César Grenno. Si opté por quedarme con ella, es porque debo haberla merecido y, en caso de crisis, puede sacarme de un apuro.
Un prestigioso colega, Marcelo Jelén, afirmaba hace algunos días que «todas las fuerzas del Viejo Uruguay se han unido en santa cruzada para acosar el fantasma de la criminalidad». Y remarcaba que en la «cruzada» se unen ex presidentes, honorables directorios y hasta periodistas que piensan y hablan con faltas de ortografía!». Vaya si tendrá razón el colega, cuando afirma como nosotros, que muchos de aquellos que tuvieron el gobierno en sus manos y con absolutas mayorías parlamentarias, nunca hicieron nada de lo que ahora le exigen al gobierno del doctor Tabaré Vázquez.
Porque habría que decirle a tanto desfachatado, cuándo se preocuparon por una Policía digna y lugares de reclusión adecuados, no sólo no dando ejemplos de una actuación honrada sino además, como bien lo remarca el colega, liquidando la cárcel de Punta Carretas y desparramando presos muy peligrosos por establecimientos inseguros, para convertir dicha cárcel en un majestuoso shopping del cual, vaya cosa curiosa, se convirtió en director el ministro del Interior de la época.
¿Que hay inseguridad? Siempre la hubo en un país donde los gobiernos de más de un siglo de blancos y colorados jamás se ocuparon de una niñez desvalida y de una legión de pobres que en la disyuntiva de morirse de hambre o robar optaron por la segunda. Dentro de lo grotesco y lo risueño, hoy de mañana escuchamos a un oyente que se identificó como «lacallista» afirmarle al veterano y eficiente comunicador de la «30», Luis Carlos Cotelo, que el Frente Amplio «fue el que inventó la pasta base».
Lo que viene ocurriendo con los medios televisivos en materia de información policial es lamentable. En aras de la libertad de prensa (que rige cuando les conviene a ellos), la información policial «copa» a veces los primeros veinte minutos del informativo. ¿No hay otras noticias más importantes a destacar?, se preguntan muchos. ¡Claro que las hay! de todo tipo y mucho más importantes que esa miseria humana que suelen mostrar incluyendo cada vez más escenas que obligan al «zapping» y son dadas sin pudor, dentro del horario de protección al menor.
Pero todo vale para los «dueños» de la televisión, que se sienten felices de contar con una falta de actuación controladora de la Ursec, que sin duda teme ser tildada de represora de la libertad de expresión, esa «libertad de expresión» que usa Jorge Batlle para atacar y acusar a funcionarios aduaneros o de la DGI de «coimeros», la misma que usó para tratar de ladrones a los argentinos, en uno de los más tétricos episodios de su actuación política, debiendo luego pedir perdón al entonces presidente Duhalde, ¡paradójicamente un primer mandatario argentino hijo de uruguayos!
La utilización de la «sensación de inseguridad» ha sido el caballito de batalla de la Derecha en todo el mundo. La de Giuliano en Nueva York, la de Macri en Buenos Aires, la de Berlusconi en Italia, justamente Berlusconi que, llegado a la cima, se votó a sí mismo una ley por la cual, haga lo que haga, ¡no puede ser procesado!
¡Vamos señores con ese jueguito ya conocido y gastado! Dejaron un país en ruinas, toleraron ladrones dentro de sus partidos, favorecieron infidencias que hicieron rico a varios amigos, avisaron a sus allegados que se venía un «corralito» y cuando el «tarro» se destapó, los castigados no fueron los avivados, sino un funcionario del BROU, cuya culpa aún no se ha probado y posiblemente gane el juicio que sigue en el TCA!
Aquí la culpa no es de una ministra que gusta montar a caballo o cantar tangos. Aquí toda la culpa es de quienes precedieron al actual gobierno que se encontró un «peludo de regalo» más grande que el Palacio Salvo. ¡Felizmente mucha gente lo sabe! Y no deben ser muchos los que traten de reponer en el gobierno a viejas «bolillas conocidas» o dar el voto a algunos tipos que, con el apellido que portan, no deberían ni siquiera figurar en la guía!
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